El tiempo de la paciencia

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La marea va y viene en un bamboneo constante e infinito.

Rara vez el mar se hace un espejo y trae al alcance de la mano, infinidad de estrellas.

Así pudiéramos comparar la política dominicana, por no decir el mundo, un baile «que marea» al pueblo en un bamboneo, constante e infinito.

Las buenas intenciones siempre surgen en los primeros días de un nuevo gobierno. Por extrañas razones, aún desconocidas, esas intenciones se van desvaneciendo como los peces en el mar.
El pueblo dominicano ha colmado su paciencia y desea ver resultados más rápidos, desea que el gobierno se convierta en «Superman» y actué como «superhéroe», olvidándonos todos que es una cari caricatura…me refiero a Superman.

Tiempo de paciencia, posiblemente sea una de «esas pocas» cualidades de la que gozamos quienes solemos decir que vivimos en una «civilización».

Si perdemos la paciencia nos convertiremos en lo que somos pero que ya hemos olvidado…animales salvajes.

Imágenes que afirman esto, las encontramos en Argentina, cuando aquella «doblemente» desafortunada piara, grupo de cerdos, que iba camino al matadero en un camión, se volcó y estos inundaron la calle.

Digo, doblemente funesta, ya que, si los cerdos pensaron que se habían librado de la guillotina, no se percataron que otra «piara», esta vez humana, se les venía encima y allí mismo, cual hombres de las cavernas, los descuartizaron a todos y distribuyeron sus carnes entre «la muchedumbre» de «bestias» «civilizada».

¿Qué nos toca?, La sensatez me indica que, no es posible remendar los entuertos como si fuéramos «La bella genio.» Otra caricatura de ese mundo ideal que «idealizamos».

Localizar, detectar, ubicar, desenredar, desenterrar a todas y cada una de las pruebas que señalen a los culpables de la pasada administración, amerita y requiere «un tiempo de paciencia».
Las evidencias borradas, escondidas u olvidadas es una labor que solo la podría realizar otra caricatura, Sherlock Holmes, en tiempo récord.

No envidio para nada estar en los zapatos del nuevo presidente dominicano Luis Abinader. Ha llegado en un momento cargado de tres elementos explosivos que podrían estallar en cualquier momento.

Ha sustituido a una banda de ladrones, la más impresionante que jamás haya tenido la república.

Ha llegado en el tiempo en que ¡el mundo! Está paralizado por una pandemia que ha sembrado de incertidumbre al mundo y no existen los remedios de Hermelinda Linda, para curarnos.
Y el tercer elemento de este brebaje maligno es la falta de fe de la gente. Nos han engañado toda la vida, entonces, ¿por qué debemos creer que esta vez será diferente?.

Como decía al principio, las buenas intenciones siempre se presentan en los inicios y Abinader no es la excepción. Incluso, me atrevería a decir, que ha tomado medidas inéditas que buscan «adecentar» esa jauría de lobos, gatos y demás pirañas enganchadas a políticos buscando «lo suyo»…

La plaza de las banderas, se ha convertido en el lugar donde suele encontrarse el antídoto que despierta al tiempo de las paciencias. Allí donde el pueblo encontró un lugar…donde encontrarse.
Ya no hay tiempo de esperar más para «encontrar» a superhéroes reales como el coronel Fernández Domínguez, quien buscó ese sueño en el 65.

Un sueño truncado por corporaciones yanquis y europeas junto a la majada u ovejas serviles criollas que desde tiempos inmemorables han vendido la patria.

Un sueño que es muy simple y que no tiene nada de extraordinario; Distribuir bienestar a todos.

Demos al presidente sus cien días de gracia y que tenga presente que el tiempo de las paciencias anda impaciente bamboleando por toda la geografía de la república.

Actué con prudencia por nuestro bienestar y con urgencia ante los depredadores pasados…recuerde que hemos descubierto las estrellas… y hay quien suele tomarlas entre sus manos. ¡Salud!. Mínimo Caminero.

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