Duarte a través de sus versos

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« Duarte no fue ajeno al quehacer poético. La Providencia le concedió el don profético de la inspiración…»

Julio Jaime Julia.

En el sentido técnico y artístico del término, el patricio Juan Pablo Duarte no fue poeta. O “no presumía de poeta”, al decir del destacado historiador Vetilio Alfau Durán. La poesía no constituyó para él una actividad constante y permanente. No fue un quehacer habitual en su vida. Por eso apenas trece poemas conforman su producción poética: «Tristezas de la noche», «Santana», «Canto de guerra», «Antífona», «El criollo», «Desconsuelo», «Súplica», «Himno», «La cartera del proscrito» y otros cuatro carentes de títulos.

Escribió impulsado por las circunstancias o los imperativos del momento, y muy particularmente, como una forma de desahogo sentimental, vale decir, como un instrumento de expresión de sus sentimientos patrióticos. Y de manera muy especial, para expresar la pena, el dolor, la angustia y las emociones que el destierro y el exilio desencadenaban en su alma atribulada.

Sus poesías, al decir de Joaquín Balaguer, fueron “escritas sin pretensiones literarias, no estaban destinadas a la publicidad y en su mayor parte desaparecieron en el destierro con el resto de sus papeles íntimos…”. A través de estas se puede determinar la dimensión de sus sentimientos patrióticos y conocer aspectos importantes de su personalidad. La casi totalidad de sus versos constituyen el más fiel retrato de la figura del padre de nuestra independencia. Las siguientes muestras poéticas así lo ponen de manifiesto:

En «La cartera del proscrito» expresa Duarte el pesar que se siente en la vida azarosa del destierro:

«Cuan triste, largo y cansado,
cuan angustioso camino,
señala el Ente divino,
al infeliz desterrado.

Llegar a tierra extranjera,
sin idea alguna ilusoria,
sin porvenir y sin gloria,
sin penates ni bandera…»

En «Tristeza de la noche» la soledad, las nostalgias, el dolor y la melancolía pueblan la mente atormentada del fundador de nacionalidad dominicana:

«Triste es la noche, muy triste,
para el mísero mendigo,
que sin pan, tal vez, ni abrigo
maldice la soledad.

Triste es la noche, muy triste,
para el bueno y leal patricio,
a quien aguarda el suplicio,
que le alzó la iniquidad…»

El 22 de agosto de 1844, el entonces presidente de la República, dictador Pedro Santana, firma la sentencia mediante la cual se destierra a perpetuidad a Duarte junto a otros patriotas, acusados de “traidores de la Patria”. El 10 de agosto, los desterrados abandonan el país e inician la tortuosa ruta del destierro rumbo al puerto de Hamburgo, Alemania. La larga travesía es aprovechada por nuestro libertador para en la que se considera su mejor composición poética, «Romance»,describir o dejar gravado en románticos y épicos versos el dolor que siente quien se ve obligado a abandonar su lar nativo e iniciar el recorrido que conduce al mundo pesaroso del exilio:

«Era la noche sombría,
y de silencio y de calma,
era una noche de oprobio,
para la gente de Ozama,
noche de mengua y quebranto,
para la patria adorada,
y el recordarla tan sólo,
el corazón apesara.

Ocho los míseros eran,
que mano aviesa lanzaba,
en pos de sus compañeros,
hacia la extrajera playa…»

La humildad característica del patricio no le permite referirse en primera persona del singular a un acontecimiento del cual fue él su principal actor. Por eso informa en tercera persona del plural:

«Ellos que al nombre de Dios,
patria y libertad se alzaran,
ellos que al pueblo le dieron,
la independencia anhelada,
lanzados fueron del suelo,
por cuya dicha lucharan.
Proscritos sí por traidores,
los que de lealtad sobraban…»

Sólo para presentarse como un simple testigo o relator de los lamentos percibidos, emplea Duarte la primera persona:

«Se les miró descender,
a la ribera callada,
se les oyó despedirse,
y de su voz apagada,
yo recogí los acentos,
que por el aire vagaban»

En la mente del patricio nunca existió posada para la discriminación y la exclusión. Siempre concibió la idea de la igualdad de las razas y, en tal virtud, jamás creyó en la existencia de razas superiores o en lo que él denominaba “la aristocracia de la sangre”. Cónsono con ese pensamiento, consideraba que solo mediante la integración, la unidad y la hermandad era posible romper las cadenas de la tiranía, forjar la nacionalidad y lograr la independencia anhelada. Así lo expresa en su Proyecto de constitución, y así lo pone de manifiesto en los versos que siguen, de su poema «El criollo»:

«Los blancos, morenos,

cobrizos, cruzados,

marchando serenos,

unidos y osados,

la patria salvemos,

de viles tiranos,

y al mundo mostremos,

que somos hermanos»

Así era y pensaba Duarte. Como ya se dijo, no fue ni pretendió ser poeta; pero escribió versos. Unos versos que en su sentido profundo retratan su personalidad, desnudan su pensamiento y reafirman la grandeza histórica del fundador de la nacionalidad y padre de la independencia dominicana.

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