Los panfleteros de Santiago

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Fueron desde el principio valientes expresiones de repudio a la Era de Trujillo, organizada y presidida por el generalísimo Rafael Leónidas Trujillo en la extensa tortura de 3l años (l930-l96l) padecida por el pueblo dominicano, a partir de traicionar a su comandante en Jefe, el presidente Horacio Vásquez, con el golpe de Estado de febrero 23-l930.

Crímenes empezando el 0l-06-l930 con los horribles asesinatos de los esposos Virgilio Martínez Reyna y su esposa Altagracia Almánzar, embarazada de seis meses, en San José de las Matas por sicarios del carnicero “general” José Estrella.

Ese mismo l930 el asesinato de Cipriano Bencosme en Los Mogotes de Moca, y el siguiente año Desiderio Arias en Los Cerros de Gurabo, Mao, y ese año, la conspiración del Centro de Recreo, donde corajudos planearon eliminar al sátrapa en ciernes, develada por un canalla, donde participaron entre otros, el joven médico Juan Isidro Jimenes Grullón.

En l956 silenciosa y poco conocida rebelión del doctor Rafael Estévez Cabrera (Fellito), abogado, profesor de historia patria, Primero B del Liceo Ulises Francisco Espaillat, desollando a Pedro Santana, Buenaventura Báez y Ulises Heureaux, lo recuerdo, levantado junto a Guillermo Valerio y otros pocos, en los mismos cerros de Gurabo de Mao, donde se alzó Desiderio Arias, 25 años antes.

Familias enteras fueron eliminadas por oponerse a la dictadura, Patiño y Perozo, y posterior De la Maza.

En l949 la expedición de Luperón, diez años después l4 y l9 junio l959, expediciones de Constanza, Estero Hondo y Maimón, el trueno que sacudió las aletargadas conciencias, pereciendo asesinados la mayoría, luego hechos presos, por demencial vesania de Ramfis Trujillo.

Enero l960 la gran conspiración integrantes del l4 de junio, liderados por Manolo Tavárez Justo, recogieron el mensaje y el relevo de las expediciones mencionadas del año anterior, cientos torturados y otros asesinados en las ergástulas de la tiranía.

El horrendo y cobarde asesinato de las hermanas María Teresa, Patria y Minerva Mirabal, noviembre 25-l960, esta última, esposa de Manolo Tavárez, un abominable exceso de Trujillo porque esas indefensas damas en nada amenazaban su tiranía, sacrificadas por desborde de megalomanía y exhibición morbosa del poder, acciones muy concordantes en el último lustro de la tiranía, con la innegable influencia del tétrico coronel EN John Abbes García, director del grimoso Servicio de Inteligencia Militar (SIM), que decenas de opositores eliminó con sadismo demencial, vinculado agente encubierto de la CIA norteamericana, creíble por espantosos excesos contra cientos opositores, nunca registrados en todo el trayecto anterior de la satrapía.

PARENTESIS ESPECIAL

El torrente de testosteronas, digno de una oda gemela de Ariosto en Orlando Furioso, de Los Panfleteros de Santiago de los Caballeros, merece un paréntesis especial, entendiendo que sus integrantes, en su inmensa mayoría eran niños crecidos a la adolescencia, referencia cumbre de Wenceslao Guillén Gómez (Wen), con apenas 20 años, odisea de infinito valor, audacia, temeridad, desafío al poder absoluto, sin meditar un ápice la dimensión del peligro, el final de las consecuencias lóbregas, solo el impulso del desnudo valor, y la indomable y enhiesta acerada convicción, sin Criptonita por medio de arredrar el propósito, de liberarnos del terror y la sofocante asfixia de la disidencia.

Conocí de vista a Wen Guillén al discurrir muchas veces frente a su hogar, esquina formada por las calles Máximo Gómez y Desiderio Valverde, residiendo apenas a 200 metros de donde vivía con mis padres y abuelos paternos.

Wen era un niño grande, mirada torva, huraña, penetrante, oculta aspiración que fuesen Rayos X para penetrar en las almas ajenas, ceño permanente fruncido, clara referencia de la enorme contradicción de su alma, confrontada con el entorno político degradado que evidentemente le asqueaba, mortificaba, motorizando su silenciosa rebeldía.

Formó un grupo contestatario enfrentando la tiranía que denominó Unión de Grupos Revolucionarios Independientes (UGRI), con la asesoría de Aurelio Grisanty (Cayeyo), avanzada en Santiago del Movimiento l4 de junio liderado por Manolo Tavárez, que iniciaron pintando en las solitarias madrugadas santiaguensas de la época, paredes de casas con frases: “ABAJO TRUJILLO”.

En un clandestino mimeógrafo imprimió cientos de volantes que deslizó por debajo de cientos de puertas de calle, esquivando la mía, con una corta pero mortal frase:

“TRUJILLO ES UNA MIERDA”

Era una protesta insólita, porque todas las anteriores fueron rebeliones, conspiraciones,

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