La convulsión haitiana

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Después de un prolongado y casi sepulcral silencio, Estados Unidos anuncia el respaldo a las pretensiones del presidente Jovenel Moise de prolongar su mandato, que según organizaciones políticas y sociales, concluiría hoy, por otro año, aunque lo instruyó a actuar “con moderación” y convocar a nuevas elecciones.

El edicto del Departamento de Estado se produce en víspera de que la oposición política haitiana, con aparente respaldo de la Iglesia Católica, iniciara consulta para integrar una junta de notables que asumiría el gobierno, en el entendido de que Moise cumplió su tiempo de mandato.

A pesar de que Haití se consume en una crisis política que deriva en violencia, delincuencia, anarquía e ingobernabilidad, no hubo en el último mes pronunciamientos públicos de Washington, Naciones Unidas, OEA ni de ninguna de las grandes metrópolis.

El único punto de alivio lo aportó el presidente Luis Abinader al reunirse en la frontera con su homólogo haitiano, tras lo cual firmaron una declaración pública de mutua disposición a colaborar en temas de interés para ambas naciones.

Mientras el gobierno habilitaba aquí la Comisión Mixta Bilateral y encaminaba gestiones para la construcción de los hospitales en Haití, ONU y OEA ofrecían en Puerto Príncipe apoyo técnico y logístico a los planes de Moise de reformar la Constitución y enquistarse en el Poder.

En Haití opera una dictadura porque el presidente gobierna por decretos, sin el contrapeso del Parlamento, que no existe, ni de ninguna otra institución fiscalizadora, tanto así que el mandatario nombró a los miembros de la Comisión Electoral que organizaría un esperpento de elecciones.

Es por eso que el Departamento de Estado, al decretar la continuidad de ese régimen, advierte a Moise que los decretos deben reservarse para «programar elecciones legislativas y para amenazas inmediatas a la vida, la salud y la seguridad”.

Aunque Estados Unidos ha instado al gobierno a organizar elecciones a legislativas libres y justas para que el parlamento pueda retomar el papel que le corresponde», no está claro la naturaleza y alcance de las agendas ocultas de Moise, ONU, OEA y, obviamente, el Departamento de Estado.

La orden imperial no alivia la crisis política de Haití que se agrava con las tratativas a las misiones de Naciones Unidas y de la OEA, como son legalizar un organismo electoral parcializado y un referéndum excluyente.

Lo aconsejable sería que la Cancillería asuma un rol proactivo en todo lo relacionado con el drama haitiano, en el entendido de que intervinientes imperiales procuran que pobre pueblo convulsione sobre hombros de República Dominicana.

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