Lo del muro en la frontera…

0
52

Aquí, los que están en contra de un muro en la frontera RD-Haití -que, dicho sea de paso, no dijeron nada cuando Haití levantó uno en 2015 (Comunidad de Carrizal, Haití)- antes de opinar sobre el tema, deberían mirar si, en el patio de sus casas hay una pared que los divide de sus vecinos. Si resulta que sí; entonces, o están practicando una doble moral pública; o simplemente, son mas cosmopolita que el Papa. Porque, en el fondo -y no se puede obviar-, el construir un muro o una verja en la frontera es un acto de soberanía de cualquier país. Que, al respecto, algunos nacionales y oenegés estén en contra; eso es otra cosa, pero al fin -lo del muro-, no deja de ser un acto de soberanía.​

Como yo tengo mi patio cercado -que es un acto de separación, al mismo tiempo, de privacidad y resguardo, aceptado-, no puedo cuestionar un ejercicio de soberanía de mi país, pues para objetarlo, con respaldo moral, primero, mi casa y patio ni puerta, ni verja o pared deberían tener; y solo así podría clamar, a todo pulmón, que predico con el ejemplo. Pero, además, los muros fronterizos, históricamente, han existido desde tiempos inmemoriales por cuestiones de guerras, defensa nacional, invasiones; y hasta por motivaciones de índole religiosa, comercio, geopolítica y tráfico humano.

El más reciente muro, si se quiere, es el de la frontera entre Estados Unidos y México (1994) con el aval sistemático y de financiamiento de cuatro presidentes: Bill Clinton, George W Busch, Barack Obama -que se llevó el título-honor de deportado en jefe- y Donald Trump a quien lo vendieron, en una grosera compaña mediática y de tergiversación de la historia, como el padre de semejante realidad histórica. Por supuesto, esto último, un insulto a la cultura universal.

Claro que soy partidario de la solidaridad, intercambios -de todas índoles- con nuestros vecinos haitianos; e incluso, de un mercado binacional bien regulado y en armonía para beneficios de ambos países, pues el comercio, la geopolítica y la diplomacia nos dice que hacia allá es que debemos encaminarnos. Pero, eso no compromete ni supedita la soberanía de ninguno de los dos países. Eso es competencia, exclusiva y soberana, de cada Estado.

Ahora, si se quiere someter esa decisión soberana, más allá de una decisión legitima de un Gobierno o administración, entonces sometámoslo a un plebiscito o referéndum ciudadano, pues la figura esta consagrada en nuestra Constitución. Y punto. Que el pueblo, libérrimamente, decida sobre el muro en la frontera.

Así, en cierta forma, es que elegimos, cada cuatro años, a nuestras autoridades, ¿o no?

Finalmente, el relato histórico sobre la migración haitiana que enfatiza la ausencia de una eficaz política de Estado frente al fenómeno y como correlato el triple negocio que históricamente ha significado ese tráfico humano -a veces revestido de cierta “legalidad gubernamental” para beneficio del sector público y privado; y también como peaje-acumulación de delincuentes, políticos, militares y autoridades fronterizas, pero ese relato no es óbice para no encarar el problema empezando por imponer una migración ordenada y de respeto a los derechos humanos de los migrantes, y si también, en soberanía, se decide un muro o verja no puede llamarse “populismo”, pues igual hay quienes viven -contando la historia desde su periferia beneficiaría- de ese flagelo inhumano y de su defensa como modus vivendi o, peones de agendas supranacionales. Eso también es innegable…

Por lo tanto, no hagamos de la migración haitiana una leyenda negra o blanca…, busquemos soluciones humanas; pero también, soberanas… (y por favor, no llamemos a esto último «populismo”).

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here