Adivinando los pasos del presidente Abinader por La Romana

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La mañana del martes comenzó normal, con la salida del sol, con el fresco de la mañana camino a La Romana, donde el presidente de la República, Luis Abinader, agotaría una extensa agenda que marcaba la primera actividad a las 9:30 a.m.

Pero no, llegó la primera sorpresa del día, porque la agenda del mandatario fue cambiada la misma mañana y el primer acto fue pautado a las 8:30 p.m., pero en un lugar diferente.

Ajustes hechos, los periodistas llegamos al lugar y nos formamos desde las 8:00 a.m. junto a los militares que esperaban a Abinader, para la inauguración de una nueva fortaleza en la provincia La Romana. Un superior los coordinaba, pidiéndoles tener cuidado de no desmayarse. Les explicaba que tendrían agua a disposición para tomar sorbos y mantenerse hidratados, no demasiada para evitar la necesidad de ir al baño. El fresquito mañanero se había ido y el calor comenzaba a hacer de las suyas.

Los militares estaban en la margen sur de un gran patio, recién asfaltado, con la pintura todavía fresca formando una gran letra H en el suelo. El sol empezó a arder sobre las cabezas de los uniformados, apretados con chalecos antibalas llenos de bolsillos, excepto un grupo que tuvo la suerte de estar debajo de la sombra de un árbol.

Un trompetazo les avisó que era hora de guardar la posición erguida ante la llegada del ministro de Defensa, Carlos Luciano Díaz Morfa. Otro trompetazo les indicó que podían adoptar una posición más cómoda.

La bandera verde de las Fuerzas Armadas reposaba sobre el hombro de un agente, que esperaba frente al asta la orden para enhestarla. Estaba dispuesto para la pronta llegada del presidente, pero todavía faltaba mucho para que aquello ocurriera.

Los periodistas huíamos del sol que entraba a la carpa, mientras los militares soportaban con el ceño fruncido. No sabían cómo ponerse. Empezaron a estirar las piernas, a moverse, mientras le daban la espalda al resplandor que les quemaba el lado derecho del rostro y el cuello.

El reloj marcó las 8:30 a.m. y el Presidente no llegaba.

Los gestos, posturas, contorsiones del cuerpo, lentes o expresiones en los ojos dejaban adivinar algunas personalidades detrás de los uniformes. Una cantidad considerable de mujeres. A las 9:08 a. m. llegó el ministro de Obras Públicas, Deligne Ascensión, y a las 9:26 a.m. pasó una nube acompañada de una corriente de aire que refrescó. La sombra se esfumó y el sol volvió a arder.

Los guardias murmuraban entre sí para distraerse. Eran las 9:40 y el mandatario no llegaba.

A las 9:51 a.m. se vio entrar la avanzada del cuerpo de seguridad del gobernante. Abinader fue recibido con los honores militares, la interpretación del Himno Nacional por la banda de música, al tiempo que sonaban los disparos de salvas.

Se integró a la mesa de honor, luego de saludar a todos y, sin perder tiempo, el conductor de la ceremonia empezó a presentar a los invitados con sus nombres y títulos. Los guardias marcharon en fila hacia su descanso.

El mayor general Julio Ernesto Florián Pérez pronunció unas breves palabras, tras lo cual se dio paso al ministro Ascención. Dijo que la obra abarcaba unos 205 metros cuadrados y costó 20 millones de pesos.

Menos de 20 minutos después, el mandatario se dispuso a cortar una cinta tricolor y entregar la llave de la puerta principal del local a quienes serían sus nuevos usuarios. Abinader atravesó la fortaleza, saludó a cuantos les seguían y abordó el vehículo con la placa número uno.

De allí partió al que originalmente era el primer punto de la agenda, anunciado el día anterior, que era una visita a un centro de vacunación de la misma provincia, por lo que no se sabía si este plan continuaba. Cuando los periodistas intentamos seguirlo en su recorrido por el centro médico, ya él venía de regreso para la inauguración de un Paseo Marítimo en la playa Caleta, en el distrito municipal del mismo nombre.

En este lugar habló el ministro de Turismo, David Collado, quien pidió un “fuerte aplauso” para el presidente, que le sucedía en el turno. Abinader elogió a Rafael Blanco (Papo), asesor en materia de Turismo, porque sólo le costaba un peso al Estado dominicano. Explicó que habían remozado la playa, reconstruido sus vías de acceso e instalado nueva iluminación.

El jefe de Estado dijo que la obra había costado 48 millones de pesos, pero la nota de prensa de la Presidencia informó que habían sido 45. Señaló que, gracias a una política de transparencia, no tuvieron que gastar los 65 millones presupuestados originalmente.

Muy cerca de allí, le esperaba otra carpa y otro escenario, para dar el primer picazo en la construcción de un hotel Hilton Garden Inn. Su principal accionista es el pelotero Edwin Encarnación.

Lo acompañaba el también beisbolista Pedro Martínez, el empresario Juan Ramón Gómez Díaz, el político Vinicio Castillo Semán (Vinicito) y el administrador de Banreservas, Samuel Pereyra. Este banco ofrecería el financiamiento al proyecto, según se dijo.

Collado volvió a pedir un “fuerte aplauso” para el presidente. Concluidas las explicaciones sobre el proyecto y los elogios al pelotero, Abinader, junto a los ministros y demás personalidades, recorrió la hermosa zona costera, y luego se perdió su rastro.

Dos helicópteros esperaban al presidente en un solar contiguo, mientras otros seis aguardaban por sus propietarios, tal vez los peloteros o empresarios que concurrieron al lugar.

La inauguración de una carretera incluida en el itinerario del Jefe de Estado y enviada el día anterior a los medios de comunicación en la agenda no se efectuó, así que Abinader partió por aire a continuar su agenda ordinaria de trabajo, la cual no sabíamos cómo acabaría, porque seguir los pasos de un presidente en su recorrido por el país es una tarea repleta de incertidumbres, confusiones y retrasos. Es, en resumen, muy complicado.

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