Anécdotas de Joaquín Balaguer

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POR PEDRO GIL ITURBIDES

En 1990 Joaquín Balaguer se sucedía a sí mismo. De manera que el interregno entre los polémicos comicios y la toma de posesión no presentó inconvenientes. Pero hacia este último día se contemplaba una tormenta en el horizonte congresional. José Osvaldo Leger, Senador por la Provincia de San Cristóbal, ansiaba presidir ese cuerpo legislativo. Balaguer aprobó sus aspiraciones, a la manera en que estimulaba muchos otros intentos partidistas de alcanzar cimas políticas.

Dejó sueltos los cabos de las voluntades adversas al legislador. Llegado el 16 de agosto, a la hora indicada por el programa, no se había integrado la Asamblea Nacional. Aunque la Cámara de Diputados eligió en el tiempo previsto su bufete directivo, el Senado mantenía un tranque.

Don Guaroa Liranzo me pidió llegase al Senado para averiguar lo que ocurría. Enterado, llamé a la casa del Presidente Balaguer. El panorama, informé tras cumplir infructuosas gestiones de acercamiento entre candidatos, presagiaba el mantenimiento de las divergencias.

El Presidente Balaguer pidió el teléfono para darnos unas instrucciones, a ser transmitidas a José Osvaldo. Pero aún éstas, y una conversación telefónica entre ambos, fueron inútiles. Mientras ambos conversaban pedimos al Dr. Paris Goico el tomo encuadernado de los reglamentos de las Cámaras y la Constitución en su versión vigente. Deseábamos precisar una información que bullía en nuestra mente, sobre la posibilidad de una jura ante un juez de paz. Tenía uno allí, a la Dra. Juana Cessá, quien visitaba con frecuencia el Senado de la República, y a quien pedimos permanecer ante nuestra vista.

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