Semana de las Enfermeras: destacan que el español pasó a ser un “medicina vital” en los hospitales NYC

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Cuando en la primavera pasada un nuevo virus empezó a castigar con fuerza a la ciudad de Nueva York, rápidamente las autoridades de Salud tuvieron claro que un grupo étnico estaba padeciendo la peor parte: los hispanos que son el 29% de la población de la Gran Manzana, representan hasta ahora el 34% de las muertes asociadas con COVID-19.

Estos pacientes tienen dos cosas en común: en su mayoría son inmigrantes que vienen de diferentes países latinoamericanos y segundo hablan solo español, una lengua que empezó a ser “vital” en medio de la emergencia.

La enfermera Jennifer Medina, de 52 años, es bilingue. Trabaja en el área de telemetría del servicio de cardiología del Hospital Woodhull en Brooklyn, uno de los 11 centros de salud público de la ciudad, que tuvieron que enfrentar hace un año la pesadilla del alto volumen de pacientes, para ser atendidos por una infección que ni siquiera la ciencia médica entendía muy bien.

“Hablar español y poder entender la cultura de estas comunidades es una forma de disminuir la ansiedad, el sufrimiento y las preocupaciones. Fue un momento muy difícil, en donde teníamos a pacientes totalmente aislados, pero a sus familiares desesperados que querían saber qué pasaba. Pero que solo hablaban español”, cuenta Medina.

La profesional de la salud asumió que además de ese momento complicado, tenía una misión adicional dentro de su rutina, y era justamente ser un puente de conexión cultural con dolientes y pacientes que vivían momentos muy dramáticos.

“Hablar español te da acceso no solo en este caso a una forma de comunicación, sino a saber entender toda una cultura, en donde por ejemplo el afecto familiar es muy importante. Entonces imagínate qué puede significar esto para pacientes que por las restricciones del COVID-19, no podían recibir visitas, incluso por semanas”, recordó.

La diferencia entre la vida y la muerte
De manera cotidiana, la interacción del personal de salud en este hospital público de Brooklyn, que forma parte de la corporación NYC Health+Hospitals, es mayoritariamente con comunidades inmigrantes pobres.

“Es muy valioso para mi como profesional de la salud, entender muchas cosas de estos pacientes, por ejemplo la relación personal que tienen con sus religiones, la mayoría cristianos y católicos. Pues generalmente son personas con mucha fe. Y el otro aspecto, es ser un canal para poder explicarle en su propia lengua qué les pasa y cómo deben cumplir adecuadamente sus tratamientos”, expone Medina.

Tener la barrera de no entender qué debes hacer exactamente ante una emergencia médica o simplemente un chequeo de rutina, puede ser la diferencia entre la vida y la muerte. También entre la recuperación y avanzar a un cuadro de gravedad.

“Me da mucha satisfacción que al hablar español todos los días, puedo bajar muchos niveles de ansiedad, para que las personas tengan el poder de tomar decisiones correctas. Todavía nosotros en este hospital recordamos con dolor la ola de muertes que causó el COVID-19. Vimos a muchos familiares latinos alrededor esperando noticias. Y, lamentablemente, a veces nos tocaba darle la peor”, recordó la enfermera neoyorquina que aprendió español por estar casada con un puertorriqueño.

“Doble servicio”
También la enfermera de origen dominicano Rosario Peguero, de 35 años, que trabaja en el Hospital Lincoln de El Bronx, pondera lo “vital” que es para una ciudad multicultural como Nueva York contar con personal que en momentos de angustia pueda ser un puente que baje la incertidumbre a miles de pacientes, que no tienen un nivel de inglés suficiente para entenderse con personal de salud. Y mucho menos en situaciones difíciles.

“Casi nunca estás en un hospital por una situación agradable. A menos que estés en el área de parto. De resto, generalmente estás en escenarios de tensión, de enfermedad, de miedo. Esos temores crecen si solo ‘medio entiendes’ lo que te están informando”, relata Peguero.

La profesional de salud comparte que siempre soñó con trabajar siendo útil a los demás y que la enfermería, más cuando puedes dominar otro idioma en una ciudad como Nueva York te ubica en un escenario de “doble servicio”.

“En hospitales como este, que sirve además en general a gente tan pobre, con niveles educativos muy bajos, que no te informen con cierta precisión en tu propia lengua, puede desencadenar tragedias”.

En este sentido, Rosario tiene una anécdota que califica como “reveladora”.

Cuando el COVID-19 azotó con fuerza a Nueva York y más aún a El Bronx, por más que se le indicaba a familiares que no tenía sentido esperar “noticias” de sus familiares, en las afueras del centro hospitalario, muchos preferían hacer “vigilia” para sentir que estaban cerca de sus pacientes.

“Con la mejor intención una compañera trató de informarle a una abuelita mexicana que su esposo se estaba recuperando, pero por alguna razón ella entendió que había muerto. En ese momento le dio un infarto. Ella murió a los días y su esposo se recuperó”, narró emocionada la enfermera.

Inyectando confianza en la vacuna
La enfermera del Hospital Woodhull en Brooklyn, Amanda Calderón Ortiz tiene ocho años en la carrera de enfermería de manera profesional, relata que “vive y camina” en ese vecindario y eso le da mayor capacidad de entender a las comunidades hispanas, especialmente a las mujeres.

En este instante, la neoyorquina de origen puertorriqueño, después de haber trabajado seis meses en el área crítica de atención a pacientes diagnosticados con coronavirus, tiene una función clave cuando la ciudad trata de de recuperarse de la pandemia: está apoyando en el área de administración de vacunas.

“Nuestra gente llega con muchas dudas y el hecho de que le hables su misma lengua, eso le da mucha más confianza en las dosis. Cuando les dices que tu como personal de salud, te la pusiste, eso baja la ansiedad”, acotó.

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