Democracia no es obediencia: es disentir sin pedir perdón

0
87

Democracia no es obediencia: es disentir sin pedir perdón

Por Johan Rosario

La democracia, en su sentido más puro y honesto, no es un coro uniforme ni una coreografía de consignas: es fricción civilizada. Es pluralidad, disensión, contraste de ideas y tolerancia activa frente al punto de vista ajeno. Allí donde todos piensan igual, no hay democracia; hay obediencia.

Por eso, cuando alguien se autoproclama “demócrata” pero intenta silenciar, cancelar o demonizar toda opinión distinta, deja de defender la democracia y pasa, casi sin darse cuenta, a administrar dogmas y pequeñas formas de tiranía.

La libertad no consiste en que todos coincidan conmigo, sino en que puedan disentir sin miedo.
En estos días, los últimos dardos que he recibido no han venido por casualidad. Han surgido a raíz de una opinión que publiqué sobre cómo, a mi juicio, afecta a Leonel Fernández su cercanía con el chavismo hoy en desgracia, sobre todo con Nicolás Maduro, sus vínculos históricos con los Clinton y su manifiesta antipatía hacia Donald Trump, cuyo liderazgo fuerte está reconfigurando el mapa político de América Latina, empujándolo decididamente hacia la derecha.

Esa simple opinión, expresada con argumentos, no con insultos, bastó para despertar furias, vituperios y ataques y descalificaciones hasta personales. Y es que Trump, guste o no, ha demostrado una constante: a quienes lo han subestimado, atacado o intentado deslegitimar, les ha pasado por encima como un rodillo político. El caso de Salvador Nasralla en Honduras es uno de los ejemplos más emblemáticos de ese reacomodo brutal de fuerzas que hoy recorre la región. No se trata de simpatías ciegas, sino de leer la realidad sin romanticismos ideológicos.

A esta intolerancia se suma otra paradoja que conozco bien: resulta, como mínimo, curioso que muchos de los críticos más feroces del capitalismo, del “imperio” y de los Estados Unidos lleven décadas viviendo, y prosperando en ciertos casos, en Manhattan, Brooklyn, Paterson o Haverstraw, beneficiándose de las libertades, oportunidades y estabilidad institucional del sistema que dicen detestar. No es coherencia lo que ahí habita, sino comodidad ideológica. El sistema es “opresor” mientras conviene; el imperio es “maligno” mientras paga las cuentas.

Como bien apuntaba el buen amigo Rey Estévez , basta una ligera diferencia de criterio para que aparezcan el insulto, la descalificación personal y hasta el borrado del contacto. Ese es el colmo de la intolerancia, y la incongruencia se vuelve aún más grave cuando proviene de supuestos demócratas y autoproclamados amantes de la libertad.

En lo personal, cuando declaré abiertamente mi simpatía por Trump y fui a votar por él, gané enemigos a granel. Algunos dejaron de saludarme; otros me “bajaron de categoría”. Y yo, feliz 😄, porque nada hay más satisfactorio que ser libre y ejercer esa libertad sin pedir permiso. Profesar una simpatía sincera, política, religiosa, deportiva, social o literaria, debería ser lo más respetable; sin embargo, para muchos se convierte en sacrilegio. Pura manipulación barata.

Siempre que sea con respeto y profundidad de análisis, exprese usted lo que desee, sin miedo. Así lo consagran la Constitución Dominicana, la de los Estados Unidos y las de todas las naciones que viven en democracia real. Quien pretenda que usted piense exactamente como él, en realidad desea montarle su cabeza encima y anularlo. No lo permita nunca, a menos que quiera vivir como una marioneta de trapo.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí