La corrupción no solo roba dinero público, también debilita la economía nacional. Cuando se desvían fondos del Estado, el daño no se queda en una oficina. Ese dinero sale del circuito económico que sostiene al país. Ahí comienza el verdadero problema.
Cada vez que la corrupción convierte pesos en dólares, esos dólares dejan de estar disponibles para la economía dominicana. No se usan para producir, invertir ni generar empleos. Se van a cuentas externas o se esconden fuera del sistema formal. Es una salida directa de riqueza nacional.
Cuando muchos pesos buscan dólares al mismo tiempo, el precio del dólar sube. No porque el país esté importando más o creciendo más. Sube porque hay fuga. Esa presión artificial empuja hacia abajo el valor del peso dominicano.
Cada dólar que se va por corrupción hace que el peso compre menos. Eso se siente en el bolsillo de la gente. Suben los combustibles, los alimentos importados y los medicamentos. La corrupción termina convertida en inflación.
Cuando los dólares salen de la economía, el Banco Central tiene que intervenir. Usa reservas o permite que el tipo de cambio suba. En ambos casos, el país pierde capacidad de maniobra. Lo que se robó uno, lo paga la sociedad.
La corrupción se dolariza, pero el salario sigue en pesos. Esa es la desigualdad que genera. Mientras unos protegen su dinero fuera del país, la mayoría ve cómo su ingreso rinde menos. Cada dólar fugado empobrece al trabajador.
Además, menos dólares en la economía significa menos confianza. Inversionistas y comerciantes reaccionan con cautela. Se frena el crédito y se encarece el financiamiento. La corrupción no solo roba hoy, también limita el crecimiento futuro.
El problema no es solo el monto robado, sino el efecto multiplicador. Un peso que sale mal usado puede costar cinco después. La economía es un sistema sensible. Pequeñas fugas generan grandes desequilibrios.
Por eso, minimizar la corrupción es un error político grave. No es un tema moral abstracto. Es un problema de precios, de salario y de estabilidad. Cada escándalo sin consecuencias debilita la moneda.
Combatir la corrupción es defender el peso dominicano. Es proteger el poder adquisitivo de la gente. Es evitar que los dólares se vayan por la puerta trasera. La estabilidad económica empieza por la transparencia.
Un Estado que permite la fuga de dólares por corrupción se debilita a sí mismo. Pierde autoridad, pierde credibilidad y pierde control económico. La impunidad tiene un costo real. Se mide en inflación y pobreza.pues de nada sirven los anuncios de entrada de dollares por remesas , turismos e inversión extranjera.
Para una economía fuerte, necesitamos instituciones firmes. Cada dólar que se queda en el país es una oportunidad de desarrollo, para pelear desde el pueblo está situación mi recomendación es que la gente reciba sus remesas en dólares y ataquemos al unisono a los corruptos.








