{"id":146999,"date":"2026-10-23T13:26:17","date_gmt":"2026-10-23T13:26:17","guid":{"rendered":"https:\/\/thelatinpostny.com\/?p=146999"},"modified":"2026-10-23T13:26:17","modified_gmt":"2026-10-23T13:26:17","slug":"estados-unidos-y-la-doble-moral-en-lucha-contra-el-narcotrafico","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/thelatinpostny.com\/?p=146999","title":{"rendered":"Estados Unidos y la doble moral en lucha contra el narcotr\u00e1fico"},"content":{"rendered":"<p><b>POR EDWIN PINEDA CARRASCO<\/b><\/p>\n<p>Estados Unidos se presenta ante el mundo como defensor de la democracia, la justicia y la lucha contra el narcotr\u00e1fico. Sin embargo, sus decisiones internacionales plantean una pregunta inc\u00f3moda: \u00bfpor qu\u00e9 quienes son se\u00f1alados como amenazas pueden convertirse en interlocutores aceptables cuando cambian las prioridades de Washington? Cuando los principios se aplican con rigor a unos y parecen flexibilizarse frente a otros, la credibilidad de esa lucha queda en entredicho.<\/p>\n<p>Durante d\u00e9cadas, Washington ha exigido extradiciones, investigaciones y cooperaci\u00f3n judicial a pa\u00edses como la Rep\u00fablica Dominicana. Pero esa firmeza pierde fuerza cuando sus propias decisiones pol\u00edticas parecen responder a criterios diferentes. Si alguien es considerado una amenaza y despu\u00e9s adquiere valor estrat\u00e9gico, la ciudadan\u00eda tiene derecho a preguntar qu\u00e9 cambi\u00f3 y si la justicia sigue ocupando el mismo lugar en las prioridades estadounidenses.<\/p>\n<p>El problema no es negociar con antiguos adversarios. La diplomacia exige di\u00e1logo y acuerdos, incluso con actores cuestionados. La contradicci\u00f3n aparece cuando esos acercamientos parecen relegar responsabilidades anteriores y proyectan la impresi\u00f3n de que una persona puede pasar de perseguida a socia conveniente sin que se expliquen suficientemente las razones. Los intereses nacionales pueden cambiar, pero los hechos y las responsabilidades judiciales no deber\u00edan desaparecer por conveniencia pol\u00edtica.<\/p>\n<p>Para la Rep\u00fablica Dominicana, este asunto tiene consecuencias directas. El pa\u00eds ha cooperado con Estados Unidos en la extradici\u00f3n de personas reclamadas por la justicia. Sin embargo, cuando algunos extraditados regresan y parecen recuperar influencia, reconocimiento o acceso a c\u00edrculos de poder, surge una pregunta inevitable: \u00bfqu\u00e9 mensaje reciben los ciudadanos cuando quienes estuvieron sometidos a procesos judiciales parecen recuperar r\u00e1pidamente su posici\u00f3n social?<\/p>\n<p>La preocupaci\u00f3n aumenta ante la posibilidad de que recursos procedentes del narcotr\u00e1fico busquen financiar campa\u00f1as electorales o comprar influencia pol\u00edtica. Cuando existen investigaciones sobre dinero il\u00edcito, las autoridades deben determinar su origen, identificar a los beneficiarios y establecer responsabilidades mediante pruebas. Ning\u00fan partido ni dirigente deber\u00eda quedar al margen de esas investigaciones por sus conexiones, su riqueza o su posici\u00f3n p\u00fablica.<\/p>\n<p>La clase pol\u00edtica dominicana tambi\u00e9n debe responder por sus relaciones y decisiones. Recibir a una persona que regresa al pa\u00eds no constituye por s\u00ed mismo una irregularidad, pero ofrecerle respaldo pol\u00edtico o acceso privilegiado merece escrutinio cuando existen antecedentes relevantes. Respetar los derechos de alguien es una obligaci\u00f3n; convertir su regreso en una demostraci\u00f3n de poder es una decisi\u00f3n que los dirigentes deben poder explicar.<\/p>\n<p>Estados Unidos tampoco puede exigir transparencia a sus socios mientras espera que sus propias contradicciones queden fuera del debate. Si negocia con actores cuestionados por razones estrat\u00e9gicas, debe explicar los objetivos y los l\u00edmites de esos acuerdos. La cooperaci\u00f3n internacional contra el crimen no deber\u00eda convertirse en una herramienta selectiva que se endurece contra unos y se flexibiliza frente a otros seg\u00fan las necesidades del momento.<\/p>\n<p>El mensaje social puede ser devastador. Si los j\u00f3venes observan que el dinero y las conexiones parecen abrir puertas incluso despu\u00e9s de procesos judiciales, pueden llegar a creer que delinquir resulta rentable. Mientras millones de personas trabajan honestamente para progresar, la percepci\u00f3n de que algunos obtienen ventajas por su influencia debilita la confianza en la justicia y en las instituciones democr\u00e1ticas.<\/p>\n<p>Es necesario distinguir entre acusaciones, condenas y cumplimiento de penas. Ser extraditado no demuestra culpabilidad, y quien ha cumplido una condena conserva sus derechos. Pero esas garant\u00edas no impiden cuestionar las decisiones pol\u00edticas ni exigir explicaciones sobre posibles privilegios. La reinserci\u00f3n social no debe confundirse con impunidad, y el respeto a la ley no puede depender de la capacidad econ\u00f3mica de cada persona.<\/p>\n<p><b>\u00a0<\/b><\/p>\n<p><b>Ir m\u00e1s all\u00e1<\/b><\/p>\n<p>La cooperaci\u00f3n entre Washington y Santo Domingo debe ir m\u00e1s all\u00e1 de las extradiciones y los decomisos. Es necesario perseguir el lavado de activos, examinar el financiamiento de campa\u00f1as y desmantelar las redes que permiten que el dinero il\u00edcito alcance espacios de influencia. El \u00e9xito de esa cooperaci\u00f3n debe medirse por resultados verificables, no solamente por anuncios oficiales o cifras presentadas como victorias.<\/p>\n<p>La doble moral se convierte en un problema cuando la condena p\u00fablica depende de qui\u00e9n sea el se\u00f1alado y la firmeza parece desaparecer cuando cambian los intereses. Si una potencia exige rigor a sus adversarios, pero adopta posiciones m\u00e1s flexibles ante actores que considera \u00fatiles, debe estar preparada para responder a las cr\u00edticas. El liderazgo internacional no se demuestra \u00fanicamente se\u00f1alando las faltas ajenas, sino explicando las propias decisiones.<\/p>\n<p>La Rep\u00fablica Dominicana necesita instituciones que investiguen sin privilegios, partidos transparentes y dirigentes dispuestos a rendir cuentas. Estados Unidos, por su parte, debe demostrar que la lucha contra el narcotr\u00e1fico no queda subordinada a conveniencias diplom\u00e1ticas. Ninguna relaci\u00f3n estrat\u00e9gica deber\u00eda impedir que se examinen los hechos ni que se investiguen posibles responsabilidades conforme a la ley.<\/p>\n<p>La pregunta final es sencilla: \u00bfse combate el crimen por convicci\u00f3n o solamente mientras resulta conveniente? Cuando los intereses pol\u00edticos parecen pesar m\u00e1s que la coherencia, la sociedad recibe un mensaje peligroso: que el dinero puede comprar influencia, que las conexiones pueden facilitar el regreso al poder y que delinquir podr\u00eda resultar beneficioso.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La justicia pierde credibilidad cuando parece tener distintos criterios para diferentes personas. La ley debe ser igual para todos, incluso cuando aplicarla resulte inc\u00f3modo para quienes tienen el poder.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>POR EDWIN PINEDA CARRASCO Estados Unidos se presenta ante el mundo como defensor de la democracia, la justicia y la lucha contra el narcotr\u00e1fico. Sin embargo, sus decisiones internacionales plantean una pregunta inc\u00f3moda: \u00bfpor qu\u00e9 quienes son se\u00f1alados como amenazas pueden convertirse en interlocutores aceptables cuando cambian las prioridades de Washington? 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