{"id":147357,"date":"2026-10-27T10:55:56","date_gmt":"2026-10-27T10:55:56","guid":{"rendered":"https:\/\/thelatinpostny.com\/?p=147357"},"modified":"2026-10-27T10:55:56","modified_gmt":"2026-10-27T10:55:56","slug":"la-paradoja-del-crecimiento-dominicano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/thelatinpostny.com\/?p=147357","title":{"rendered":"La paradoja del crecimiento dominicano"},"content":{"rendered":"<p>Mientras los discursos oficiales saturan la opini\u00f3n p\u00fablica con gr\u00e1ficos ascendentes sobre el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) de la Rep\u00fablica Dominicana, la realidad a ras de suelo cuenta una historia dr\u00e1sticamente distinta. Transitamos por entornos urbanos donde las calles sufren una deformaci\u00f3n grotesca debido a la acumulaci\u00f3n desmedida de pavimento, mientras en los hogares la cotidianidad se interrumpe por la precariedad de los servicios m\u00e1s elementales. Existe una profunda contradicci\u00f3n en un Estado que se enorgullece de su dinamismo macroecon\u00f3mico, pero que pospone las soluciones a las crisis estructurales m\u00e1s urgentes de su poblaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Lo m\u00e1s alarmante de esta crisis no es solo la deficiencia t\u00e9cnica, sino la peligrosa normalizaci\u00f3n del deterioro por parte de la ciudadan\u00eda y la falta de \u00e9tica profesional de quienes gestionan lo p\u00fablico. Muchos dominicanos han desarrollado una tolerancia pasiva hacia el colapso est\u00e9tico y operativo, llegando a aceptar como \u00abnormal\u00bb lo que en cualquier sociedad con est\u00e1ndares m\u00ednimos ser\u00eda un esc\u00e1ndalo nacional.<\/p>\n<p><b>Ingenieros de la chapucer\u00eda urbana<\/b><\/p>\n<p>En nuestras ciudades, las capas de asfalto no son delgadas; al contrario, se pasan de gruesas. Presenciamos la aberraci\u00f3n de colocar una capa pesada encima de la otra, a\u00f1o tras a\u00f1o, sin remover el material viejo da\u00f1ado. El resultado es una sola y enorme masa asf\u00e1ltica, antiest\u00e9tica y desproporcionada, que eleva el nivel de la v\u00eda p\u00fablica hasta sepultar los contenes, ahogar las aceras y dejar las tapas de las alcantarillas hundidas en el fondo de verdaderos cr\u00e1teres artificiales. Es una pr\u00e1ctica mediocre que deber\u00eda avergonzar profundamente a los ingenieros que firman tales obras.<\/p>\n<p>Esa misma indolencia que deforma el espacio p\u00fablico ha sido trasladada al interior de los hogares de manera vergonzosa. Nos hemos acostumbrado a normalizar la deficiencia cr\u00f3nica en el suministro de energ\u00eda el\u00e9ctrica, la inconstancia en la recogida de basura y, de forma cr\u00edticamente grave, la incapacidad estatal de proveer agua potable de manera continua.<\/p>\n<p><b>La infraestructura de la desigualdad<\/b><\/p>\n<p>El dise\u00f1o actual del sistema obliga a racionar el suministro, enviando el agua apenas tres veces a la semana con el \u00fanico fin de que los hogares llenen sus dep\u00f3sitos. La obligatoriedad de construir costosas cisternas y de coronar nuestros techos con tinacos es el monumento m\u00e1s fehaciente de este fracaso institucional.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed radica la cara m\u00e1s cruel de la desigualdad: mientras las clases media y alta privatizan el servicio en sus propios hogares financiando esta infraestructura de la resignaci\u00f3n, los sectores vulnerables sufren un verdadero calvario. Quienes no disponen de los recursos econ\u00f3micos para costear la construcci\u00f3n de una cisterna o la compra de un tinaco quedan a mercer de la total precariedad.<\/p>\n<p>Estas familias hacen malabares diarios para abastecerse de un l\u00edquido vital que, cuando llega, sigue sin ser apto para el consumo humano directo. En la Rep\u00fablica Dominicana de los r\u00e9cords de crecimiento econ\u00f3mico, el Estado le ha fallado flagrantemente a sus ciudadanos m\u00e1s desprotegidos en el acceso a sus derechos fundamentales m\u00e1s b\u00e1sicos.<\/p>\n<p><b>Espejismos macroecon\u00f3micos y dignidad p\u00fablica<\/b><\/p>\n<p>Es innegable que las grandes obras de infraestructura vial tienen su valor. Sin embargo, la urgencia de proyectos suntuosos palidece cuando se compara con las deficiencias sistem\u00e1ticas que afectan el d\u00eda a d\u00eda de cada dominicano. La priorizaci\u00f3n del gasto p\u00fablico parece responder m\u00e1s a la espectacularidad de lo que se puede inaugurar frente a las c\u00e1maras que a la dignidad de los servicios b\u00e1sicos.<\/p>\n<p>El verdadero desarrollo no se mide por la altura de las torres metropolitanas ni por el brillo del asfalto mal puesto si la base sobre la que se construyen est\u00e1 agrietada y deforme. Para avanzar, la sociedad dominicana debe despertar de su letargo y exigir consecuencias reales a las autoridades.<\/p>\n<p>Un pa\u00eds no puede llamarse verdaderamente pr\u00f3spero si condena a su poblaci\u00f3n a esquivar cr\u00e1teres urbanos creados por la propia negligencia estatal, y a sufrir un mundo para conseguir agua limpia mientras los funcionarios celebran cifras macroecon\u00f3micas vac\u00edas. El crecimiento debe traducirse, por fin, en dignidad p\u00fablica, en servicios eficientes y en un entorno digno de un pa\u00eds del siglo XXI.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mientras los discursos oficiales saturan la opini\u00f3n p\u00fablica con gr\u00e1ficos ascendentes sobre el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) de la Rep\u00fablica Dominicana, la realidad a ras de suelo cuenta una historia dr\u00e1sticamente distinta. 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