{"id":148454,"date":"2026-11-06T10:34:24","date_gmt":"2026-11-06T10:34:24","guid":{"rendered":"https:\/\/thelatinpostny.com\/?p=148454"},"modified":"2026-11-06T10:34:24","modified_gmt":"2026-11-06T10:34:24","slug":"trump-jefe-de-campana-de-los-democratas-1-de-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/thelatinpostny.com\/?p=148454","title":{"rendered":"Trump: jefe de campa\u00f1a de los dem\u00f3cratas (1 de 2)"},"content":{"rendered":"<p>Hay paradojas que solamente se explican cuando la pol\u00edtica se analiza m\u00e1s all\u00e1 de los discursos y las intenciones de quienes ejercen el poder. Donald Trump regres\u00f3 a la Casa Blanca con una agenda de confrontaci\u00f3n, dispuesto a transformar las relaciones comerciales, endurecer la pol\u00edtica migratoria, modificar el papel de Estados Unidos en el escenario internacional y consolidar su liderazgo dentro del Partido Republicano.<\/p>\n<p>Sin embargo, el desarrollo de esa agenda termin\u00f3 produciendo una contradicci\u00f3n pol\u00edtica: el presidente republicano comenz\u00f3 a proporcionarle al Partido Dem\u00f3crata buena parte de los argumentos que necesitaba para reagrupar sus fuerzas. De ah\u00ed la iron\u00eda del t\u00edtulo que no es un simple recurso period\u00edstico: Trump termin\u00f3 desempe\u00f1ando, sin propon\u00e9rselo, el papel de jefe de campa\u00f1a de sus adversarios.<\/p>\n<p>Cuando Trump inici\u00f3 su guerra arancelaria, el debate dej\u00f3 de estar circunscrito a las diferencias entre economistas y especialistas en comercio internacional.<\/p>\n<p>Las tarifas y la incertidumbre sobre su aplicaci\u00f3n comenzaron a trasladarse a los costos de importaci\u00f3n, los precios, las decisiones de contrataci\u00f3n y la estabilidad de miles de peque\u00f1os negocios. Los comerciantes y empresarios de menor capacidad financiera quedaron particularmente expuestos a las variaciones de los costos y a las dificultades para trasladarlos al consumidor.<\/p>\n<p>No todos los cierres comerciales pueden atribuirse exclusivamente a los aranceles, pero la pol\u00edtica comercial introdujo presiones sobre un sector que constituye una parte fundamental de la econom\u00eda estadounidense.<\/p>\n<p>La situaci\u00f3n se complic\u00f3 con las redadas migratorias. La ofensiva de los organismos de inmigraci\u00f3n no solamente provoc\u00f3 temor entre las comunidades inmigrantes; tambi\u00e9n repercuti\u00f3 en la actividad econ\u00f3mica de numerosos establecimientos que depend\u00edan de trabajadores y consumidores inmigrantes. En distintas ciudades, los operativos y el temor a las detenciones afectaron la movilidad de las personas, el funcionamiento de negocios y la actividad comercial.<\/p>\n<p>El problema dej\u00f3 de ser exclusivamente migratorio para convertirse tambi\u00e9n en econ\u00f3mico, social y pol\u00edtico.<\/p>\n<p>La administraci\u00f3n Trump hab\u00eda prometido recuperar el control fronterizo, pero sus m\u00e9todos terminaron abriendo otro frente de controversia nacional.<\/p>\n<p>A esto se agreg\u00f3 la confrontaci\u00f3n permanente de Trump con dirigentes dem\u00f3cratas, mandatarios extranjeros, organismos internacionales y sectores de la sociedad estadounidense. Su estilo de comunicaci\u00f3n pol\u00edtica convirti\u00f3 numerosos desacuerdos institucionales en episodios de polarizaci\u00f3n nacional. En lugar de reducir las tensiones, muchas de esas controversias terminaron ampliando el campo de discusi\u00f3n y ofreciendo nuevos motivos para la movilizaci\u00f3n de sus opositores.<\/p>\n<p>Pero el escenario adquiri\u00f3 otra dimensi\u00f3n con la guerra contra Ir\u00e1n y sus repercusiones en Medio Oriente. El encarecimiento de la energ\u00eda, las preocupaciones sobre la inflaci\u00f3n y el costo de la intervenci\u00f3n militar comenzaron a afectar la percepci\u00f3n p\u00fablica de la administraci\u00f3n.<\/p>\n<p>El ciudadano que tiene dificultades para pagar la gasolina, comprar alimentos, seguros m\u00e9dicos, medicamentos, cubrir la vivienda o mantener su peque\u00f1o negocio no necesariamente interpreta la pol\u00edtica exterior desde los mismos par\u00e1metros que utiliza el presidente. Para una parte del electorado, las decisiones internacionales terminan midi\u00e9ndose por sus consecuencias en la econom\u00eda dom\u00e9stica.<\/p>\n<p>Ahora bien, para comprender la dimensi\u00f3n de esta paradoja es necesario mirar hacia el interior del Partido Dem\u00f3crata. Antes de que esas controversias adquirieran semejante intensidad, la organizaci\u00f3n atravesaba un problema de identidad, liderazgo y orientaci\u00f3n ideol\u00f3gica. No se trataba de una oposici\u00f3n homog\u00e9nea, sino de una coalici\u00f3n donde conviv\u00edan sectores moderados, liberales progresistas y corrientes m\u00e1s radicalizadas en determinados asuntos culturales y sociales.<\/p>\n<p>La confrontaci\u00f3n entre la ortodoxia partidaria y los sectores progresistas, incluidos aquellos a los que sus cr\u00edticos identifican con la corriente <i>woke<\/i>, reflejaba una discusi\u00f3n m\u00e1s profunda sobre el rumbo de la organizaci\u00f3n. Mientras unos defend\u00edan posiciones m\u00e1s tradicionales, pragm\u00e1ticas y electorales, otros reclamaban una transformaci\u00f3n ideol\u00f3gica y cultural de mayor alcance. La dificultad consist\u00eda en construir una identidad pol\u00edtica capaz de representar esas sensibilidades sin perder conexi\u00f3n con los electores moderados e independientes.<\/p>\n<p>En esas circunstancias, Trump termin\u00f3 convirti\u00e9ndose en un elemento externo de cohesi\u00f3n. La pol\u00edtica tiene una particularidad que con frecuencia escapa a quienes gobiernan: un adversario com\u00fan puede conseguir que organizaciones divididas encuentren motivos para actuar conjuntamente. Cuando las diferencias internas pasan a un segundo plano frente a una preocupaci\u00f3n compartida, las fuerzas pol\u00edticas pueden construir una unidad circunstancial sin haber resuelto sus contradicciones originales.<\/p>\n<p>Desde la sociolog\u00eda de las organizaciones y la psicolog\u00eda pol\u00edtica, este fen\u00f3meno puede interpretarse como una forma de cohesi\u00f3n negativa: la coincidencia de diferentes sectores alrededor de aquello que rechazan, aunque todav\u00eda no exista un acuerdo suficientemente s\u00f3lido sobre aquello que desean construir. Los dem\u00f3cratas no necesitaban resolver todas sus diferencias para coincidir en la oposici\u00f3n a determinadas decisiones presidenciales. Les bastaba encontrar un punto de convergencia que permitiera movilizar a sus electores.<\/p>\n<p>Por tanto, lo verdaderamente significativo de las elecciones de medio t\u00e9rmino del 3 de noviembre de 2026 no fue \u00fanicamente la recuperaci\u00f3n dem\u00f3crata de posiciones en el Congreso. Fue la penetraci\u00f3n electoral en territorios donde el republicanismo hab\u00eda construido una tradici\u00f3n de dominio pol\u00edtico. Texas, Georgia, Iowa, Kansas, Ohio, Carolina del Sur y Alaska, dejaron resultados que obligan a examinar con mayor profundidad el comportamiento del electorado estadounidense. Consiguieron victorias hist\u00f3ricas en varias de esas contiendas, incluyendo la recuperaci\u00f3n del Senado.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 ocurri\u00f3 para que estados de tradici\u00f3n republicana eligieran candidatos dem\u00f3cratas? La primera explicaci\u00f3n se encuentra en el desplazamiento del debate electoral. Trump hab\u00eda conseguido construir buena parte de su liderazgo alrededor de la inmigraci\u00f3n, la identidad nacional, la seguridad y la confrontaci\u00f3n cultural. Pero durante estas elecciones el costo de la vida termin\u00f3 ocupando un espacio central. Cuando el precio de la gasolina, los alimentos, la vivienda y los servicios afecta directamente el presupuesto familiar, las identidades partidarias pueden perder temporalmente parte de su capacidad de determinar el comportamiento electoral.<\/p>\n<p>Los datos de las encuestas a la salida de los centros de votaci\u00f3n, recogidos por Reuters, ofrecieron una se\u00f1al importante. Cerca de nueve de cada diez votantes identificaron el costo de la vida como un factor crucial o importante para decidir su voto. Aproximadamente dos tercios responsabilizaron a Trump por los precios elevados, mientras tres cuartas partes expresaron insatisfacci\u00f3n o enojo con la direcci\u00f3n del pa\u00eds.<\/p>\n<p>No estamos hablando de una diferencia abstracta entre republicanos y dem\u00f3cratas, sino de una preocupaci\u00f3n material que atraviesa las fronteras partidarias.<\/p>\n<p>La segunda explicaci\u00f3n est\u00e1 relacionada con la transformaci\u00f3n del voto independiente. Una elecci\u00f3n de medio t\u00e9rmino no reproduce necesariamente el comportamiento de una elecci\u00f3n presidencial. Los electores pueden respaldar a un candidato republicano para la presidencia y posteriormente votar por un dem\u00f3crata para el Senado o la gobernaci\u00f3n. Esa conducta no significa necesariamente que hayan cambiado de ideolog\u00eda. Puede expresar una evaluaci\u00f3n sobre la gesti\u00f3n, una reacci\u00f3n frente a determinadas decisiones o una b\u00fasqueda de contrapesos institucionales. Reuters inform\u00f3 que una proporci\u00f3n considerable de los independientes encuestados manifest\u00f3 que su voto ser\u00eda una forma de oposici\u00f3n a Trump.<\/p>\n<p>La tercera explicaci\u00f3n tiene que ver con la personalizaci\u00f3n de la campa\u00f1a. Trump convirti\u00f3 las elecciones legislativas en una especie de plebiscito sobre su administraci\u00f3n. Se involucr\u00f3 directamente en las candidaturas republicanas, respald\u00f3 aspirantes y particip\u00f3 en actividades de campa\u00f1a. Esa estrategia ten\u00eda una ventaja: movilizar a su base mediante su liderazgo personal. Pero tambi\u00e9n ten\u00eda un riesgo: trasladar a los candidatos republicanos las controversias, los desaciertos y el desgaste de la presidencia. Cuando un mandatario convierte cada elecci\u00f3n en un examen de su propia gesti\u00f3n, los candidatos de su partido dejan de competir exclusivamente con sus adversarios locales.<\/p>\n<p>La cuarta explicaci\u00f3n est\u00e1 en la calidad y el arraigo de los candidatos. Las elecciones no se ganan solamente con etiquetas partidarias. El conocimiento de los problemas estatales, la trayectoria p\u00fablica, la credibilidad y la capacidad de conectar con distintos sectores sociales pueden modificar el comportamiento de los electores. Las victorias de Gina Hinojosa en Texas, Keisha Lance Bottoms en Georgia y Rob Sand en Iowa muestran que los candidatos dem\u00f3cratas consiguieron construir propuestas competitivas en territorios donde el Partido Republicano hab\u00eda disfrutado de importantes ventajas. En Kansas, Adam Hamilton derrot\u00f3 al senador republicano Roger Marshall, mientras Sherrod Brown recuper\u00f3 para los dem\u00f3cratas un esca\u00f1o en Ohio. En Carolina del Sur, Annie Andrews protagoniz\u00f3 otra de las sorpresas de la jornada.<\/p>\n<p>La quinta explicaci\u00f3n se encuentra en las fracturas de la propia coalici\u00f3n republicana. Los resultados y las encuestas de salida se\u00f1alaron retrocesos republicanos entre sectores de votantes j\u00f3venes, latinos y hombres afroamericanos. No significa que esos grupos hayan abandonado definitivamente al Partido Republicano, ni que exista una transferencia permanente hacia los dem\u00f3cratas. Pero s\u00ed evidencia que la coalici\u00f3n que acompa\u00f1\u00f3 a Trump en 2024 no mantuvo intacta su composici\u00f3n electoral. Una organizaci\u00f3n pol\u00edtica puede conservar una base fiel y, al mismo tiempo, perder suficiente apoyo en sectores decisivos para modificar los resultados en estados competitivos.<\/p>\n<p>Texas constituye un ejemplo particularmente importante. Durante a\u00f1os, el crecimiento demogr\u00e1fico y la diversidad de su poblaci\u00f3n han alimentado el debate sobre la posibilidad de una transformaci\u00f3n electoral. Esa transformaci\u00f3n nunca fue autom\u00e1tica. Los republicanos mantuvieron ventajas importantes mediante su organizaci\u00f3n territorial, sus posiciones sobre inmigraci\u00f3n, econom\u00eda, seguridad y valores culturales. La victoria dem\u00f3crata en la gobernaci\u00f3n y senado representa, por tanto, un acontecimiento que debe analizarse m\u00e1s all\u00e1 de la simple alternancia partidaria. Indica que la identidad conservadora de un territorio no constituye una garant\u00eda permanente de comportamiento electoral.<\/p>\n<p>Georgia ofrece otra lectura. Su transformaci\u00f3n en un estado competitivo ya hab\u00eda quedado demostrada en anteriores ciclos electorales, particularmente desde 2020. La victoria de Keisha Lance Bottoms en la gobernaci\u00f3n profundiza esa evoluci\u00f3n y demuestra que el predominio republicano de las \u00faltimas d\u00e9cadas no era irreversible. En Iowa, la victoria de Rob Sand tiene un significado adicional porque se produce en un estado que respald\u00f3 a Trump en tres elecciones presidenciales consecutivas. Estos resultados no permiten declarar desaparecida la tradici\u00f3n republicana, pero s\u00ed obligan a reconocer que el comportamiento de los votantes est\u00e1 condicionado por circunstancias que pueden cambiar.<\/p>\n<p>Hay otro elemento que merece atenci\u00f3n: la diferencia entre ganar una elecci\u00f3n y construir una nueva mayor\u00eda social. Los dem\u00f3cratas pueden capitalizar el desgaste presidencial, las dificultades econ\u00f3micas y el rechazo a determinadas pol\u00edticas sin haber resuelto completamente sus contradicciones ideol\u00f3gicas. Una coalici\u00f3n puede ser suficientemente fuerte para derrotar a un adversario y, sin embargo, tener dificultades para ponerse de acuerdo cuando llegue el momento de gobernar. Esa ser\u00e1 una de las pruebas m\u00e1s importantes para el partido.<\/p>\n<p>La recuperaci\u00f3n del Senado y las victorias en estados de tradici\u00f3n republicana tambi\u00e9n modifican el equilibrio institucional. Los dem\u00f3cratas tendr\u00e1n mayor capacidad de fiscalizaci\u00f3n, control de comisiones y revisi\u00f3n de las iniciativas de la administraci\u00f3n. Pero el resultado no elimina el poder presidencial ni garantiza que todas las propuestas dem\u00f3cratas puedan convertirse en legislaci\u00f3n. La pol\u00edtica estadounidense est\u00e1 construida sobre un sistema de contrapesos y negociaciones institucionales que obliga a cualquier mayor\u00eda a reconocer sus l\u00edmites.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed aparece una de las lecciones m\u00e1s interesantes de la ciencia pol\u00edtica: gobernar no consiste solamente en imponer una agenda, sino tambi\u00e9n en administrar las consecuencias pol\u00edticas de su aplicaci\u00f3n. Un presidente puede conservar el respaldo de su n\u00facleo electoral y, al mismo tiempo, generar resistencias entre sectores que anteriormente no encontraban suficientes razones para movilizarse. La capacidad de gobernar y la capacidad de evitar que los adversarios se fortalezcan como consecuencia de las propias decisiones son dos dimensiones distintas del ejercicio del poder.<\/p>\n<p>Trump, que convirti\u00f3 la confrontaci\u00f3n en uno de los principales instrumentos de su liderazgo, termin\u00f3 ofreciendo a sus adversarios una plataforma com\u00fan de movilizaci\u00f3n. No fue necesario que los dem\u00f3cratas resolvieran sus diferencias doctrinales, que desaparecieran sus disputas por el liderazgo o que alcanzaran una unidad program\u00e1tica absoluta. Las circunstancias les proporcionaron una causa alrededor de la cual pod\u00edan coincidir.<\/p>\n<p>La iron\u00eda final es que Donald Trump no necesit\u00f3 aparecer en los actos de campa\u00f1a dem\u00f3cratas, pronunciar discursos en sus convenciones ni solicitar votos para sus candidatos.<\/p>\n<p>Continuar\u00e1\u2026<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hay paradojas que solamente se explican cuando la pol\u00edtica se analiza m\u00e1s all\u00e1 de los discursos y las intenciones de quienes ejercen el poder. 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