{"id":148464,"date":"2026-11-06T10:41:36","date_gmt":"2026-11-06T10:41:36","guid":{"rendered":"https:\/\/thelatinpostny.com\/?p=148464"},"modified":"2026-11-06T10:41:36","modified_gmt":"2026-11-06T10:41:36","slug":"edipo-somos-todos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/thelatinpostny.com\/?p=148464","title":{"rendered":"Edipo somos todos"},"content":{"rendered":"<p>La correcci\u00f3n pol\u00edtica obligar\u00eda a aclarar que el t\u00edtulo no evoca el concepto desarrollado por Freud para explicar una situaci\u00f3n concreta, ni tampoco el formulado por Jung (Electra) como contraposici\u00f3n te\u00f3rica para satisfacer cuotas de g\u00e9nero. No. El \u201cEdipo\u201d del que hablamos es el real, no el constructo psicoanal\u00edtico, sino el caracterizado por S\u00f3focles en su tragedia \u2013hace 2,454 a\u00f1os\u2013, que, a su vez, fue la recreaci\u00f3n literaria de un mito antiguo; uno de los tantos mitos con que los griegos intentaron entender [y explicar] el mundo.<\/p>\n<p>Cuando la Esfinge pregunt\u00f3 a Edipo cu\u00e1l era el animal que caminaba con cuatro patas por la ma\u00f1ana, dos a mediod\u00eda y tres al atardecer, este, sin ayuda de los dioses \u2013contrario a casi todos los h\u00e9roes griegos\u2013 respondi\u00f3 sin dudar: el hombre.<\/p>\n<div class=\"teads-inread xs-screen\">\n<div>\n<div id=\"teads0\" class=\"teads-player\"><\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<p>Al final de la tragedia, Edipo termin\u00f3 vagabundeando ciego, solo y viejo por los caminos polvorientos del \u00c1tica, apenas sosteni\u00e9ndose de un bast\u00f3n\u2026 esa tercera pata que usa el hombre en el final de sus d\u00edas. Edipo tuvo la inteligencia de entender la condici\u00f3n humana frente a una criatura inhumana, pero fue incapaz de visualizar que ese mismo destino tambi\u00e9n le esperaba.<\/p>\n<p>La hybris lo ceg\u00f3 y le hizo olvidar su naturaleza humana; la vanidad del conocimiento le deslumbr\u00f3, pero no le permiti\u00f3 conocer sus l\u00edmites, y esa es la ense\u00f1anza de la tragedia. Una lecci\u00f3n que, por cierto, olvidan casi siempre quienes detentan en el poder; una que empiezan a aprender cuando lo pierden.<\/p>\n<p>En perder reside el aprendizaje. Se empieza a perder la vida desde el mismo momento en que se nace. El ciclo de la existencia se resume al tr\u00e1nsito de la vida hacia la muerte, y a lo que est\u00e1 en el medio es que se le llama vida.<\/p>\n<p>Si para los griegos el objetivo de la vida era la aret\u00e9 \u2013la virtud, la b\u00fasqueda de la excelencia\u2013, para muchos es simplemente respirar y cumplir los ritos de pasaje en el ciclo de la vida \u2013nacer, crecer, reproducirse y morir\u2013 y, en el medio, disfrutar de lo ef\u00edmero y pasajero; de las ilusiones \u2013M\u0101y\u0101\u2013 que nos habla el Rigveda; de la vanidad de que nos advierte \u201cEl Predicador\u201d, en Eclesiast\u00e9s.<\/p>\n<p>Todo corre r\u00e1pido; los d\u00edas son m\u00e1s cortos a medida que se agotan en el calendario; el tiempo se siente cada vez m\u00e1s ef\u00edmero mientras menos tiempo queda. Podemos, en el atardecer de nuestras vidas, creer que seremos eternos por el simple hecho de salir invictos en una revisi\u00f3n cardiol\u00f3gica \u2013luego de presentar la anal\u00edtica de un ni\u00f1o\u2013, pero la sola imagen de un hombre saliendo de la consulta, consumido, con dificultades para caminar y apoy\u00e1ndose en un bast\u00f3n, nos recuerda que, sin importar lo que pensemos (o c\u00f3mo nos sintamos), en el atardecer de nuestras vidas caminaremos a tres patas. Creerlo o no es una elecci\u00f3n, pero el mito est\u00e1 ah\u00ed&#8230; y Edipo tambi\u00e9n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La correcci\u00f3n pol\u00edtica obligar\u00eda a aclarar que el t\u00edtulo no evoca el concepto desarrollado por Freud para explicar una situaci\u00f3n concreta, ni tampoco el formulado por Jung (Electra) como contraposici\u00f3n te\u00f3rica para satisfacer cuotas de g\u00e9nero. 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