{"id":31059,"date":"2021-06-29T12:03:45","date_gmt":"2021-06-29T12:03:45","guid":{"rendered":"https:\/\/thelatinpostny.com\/?p=31059"},"modified":"2021-06-29T12:03:45","modified_gmt":"2021-06-29T12:03:45","slug":"san-cristobal-en-otros-tiempos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/thelatinpostny.com\/?p=31059","title":{"rendered":"San Crist\u00f3bal en otros tiempos"},"content":{"rendered":"<p>No lo hab\u00eda imaginado. Siempre pens\u00e9 que mientras m\u00e1s viv\u00eda una persona ser\u00eda m\u00e1s conocida en el lugar de su nacimiento, aunque hubiera dejado de vivir en el lugar. Total, all\u00ed quedaban algunos familiares, compa\u00f1eros de estudio, amigos de la infancia o despu\u00e9s de ella.<\/p>\n<p>Ya no es posible asegurar que, como antes, alguien nacer\u00e1 en una ciudad y vivir\u00e1 all\u00ed toda su vida, sin alejarse, muchas veces, m\u00e1s all\u00e1 del pueblo m\u00e1s cercano. Ahora, los mismos padres condicionan la lejan\u00eda de sus hijos para que estudien, se superen, alcancen una carrera universitaria o al menos, tengan mayores oportunidades de trabajo y de progreso. Tan pronto se hacen bachilleres lo sientan en una silla y le preguntan cu\u00e1les son sus planes y prop\u00f3sitos. <\/p>\n<p>Y siempre que los hijos se\u00f1alen que quieren seguir estudiando, se hacen planes para enviarlos al mejor lugar posible, aun fuera del pa\u00eds, siempre y cuando lo tolere la econom\u00eda familiar. Basta que los padres est\u00e9n convencidos de que se trata de personas inteligentes y capaces de evaluar los efectos de sus actos.<\/p>\n<p>Este mundo es un lugar de negocios, hay que aceptar la realidad. Los sentimentalismos se han ido desechando y en la actualidad contin\u00faan siendo considerados de poco valor. Ahora a nada se le da tanta importancia como a don dinero. Por eso dicen que hoy en d\u00eda, cuando un hombre pretende a una mujer le habla sin rodeos y ella, antes de decidir, le pide dar media vuelta para ver si trae cartera en el bolsillo de atr\u00e1s de los pantalones y apreciar el grosor de la misma.<\/p>\n<p> Ya hablar bonito o declamar poemas no cuenta. Lo que se espera es una invitaci\u00f3n a cenar en un buen restaurante y, despu\u00e9s, dependiendo del costo de la cena, dar como compensaci\u00f3n la entrega total del cuerpo o parte de \u00e9l. Que nadie se llame a enga\u00f1o.<\/p>\n<p>MI PUEBLO<\/p>\n<p>En mis tiempos se ten\u00eda memoria de todos los nacidos en el pueblo y de los logros de alguno que, excepcionalmente, consigui\u00f3 salir a estudiar al extranjero y obtener un t\u00edtulo universitario en una ciudad de renombre o pudo desarrollar los talentos naturales con los que naci\u00f3 sin ir a ning\u00fan lado. <\/p>\n<p>Como N\u00e1poles, que no fue nunca a una escuela de canto ni sali\u00f3 de la ciudad, pero ten\u00eda voz de tenor y se iba a la orilla del r\u00edo Nigua, en San Crist\u00f3bal, por las tardes y se pon\u00eda a cantar fragmentos de \u00f3peras que qui\u00e9n sabe c\u00f3mo se aprend\u00eda y su voz se o\u00eda muy lejos del lugar en que se ubicaba.<\/p>\n<p> O Luis Soriano, que sin haber tenido instructor ni disponer de la facilidad de una pista, se iba al estadio de beisbol y corr\u00eda sobre la grama en menos de un minuto la distancia que separaba la pared del jard\u00edn central de la receptor\u00eda.<\/p>\n<p>Cuando alg\u00fan muchacho contempor\u00e1neo era llevado de vacaciones al extranjero, tras su regreso se convert\u00eda en el foco de atenci\u00f3n. Desde que se ocultaba el sol nos reun\u00edamos todos los j\u00f3venes del barrio y lo rode\u00e1bamos y escuch\u00e1bamos por horas los relatos de las cosas incre\u00edbles que vio en el pa\u00eds que visit\u00f3.<\/p>\n<p>C\u00f3mo entender entonces que hab\u00eda ciudades en otros pa\u00edses con calles de tres o cuatro carriles en cada sentido por donde transitaban cientos de autom\u00f3viles de todo tipo y autobuses transportando a la gente para todos lados, si nuestro pueblo, San Crist\u00f3bal,  ten\u00eda apenas seis calles y ninguna pose\u00eda una longitud superior a los mil metros y todos las recorr\u00edamos caminando y los pocos autom\u00f3viles que se ve\u00edan durante las ma\u00f1anas eran usados como transporte que iban o regresaban de la ciudad capital y, por lo general, se dirig\u00edan a otros pueblos m\u00e1s lejanos del sur. <\/p>\n<p>Y en qu\u00e9 cabeza pod\u00eda caber que en esas ciudades extranjeras hubiera torres de 40 y 50 pisos y que se sub\u00eda y se bajaba usando unos elevadores el\u00e9ctricos rapid\u00edsimos.<\/p>\n<p>TRANQUILIDAD<\/p>\n<p>Nuestra ciudad, San Crist\u00f3bal,  se percib\u00eda quieta y silenciosa. No hab\u00eda en ella afanes desmedidos ni inquietudes extremas. Por eso, la realidad de que exist\u00edan otras ciudades muy diferentes a la nuestra destrozaba nuestros sue\u00f1os. Se hac\u00eda tan dif\u00edcil para el hombre com\u00fan costear siquiera el pasaporte, que pensar en la posibilidad de poder viajar alg\u00fan d\u00eda a otro pa\u00eds nos resultaba una ofensa al intelecto. Esos eran privilegios exclusivos de los amigos del dictador, que andaban en autos \u00faltimo modelo, vest\u00edan trajes finos y habitaban en casas muy por encima del nivel de la mayor parte del pueblo. <\/p>\n<p>Adem\u00e1s, el r\u00e9gimen cuidaba que nos mantuvi\u00e9ramos convencidos de que las ocho mayores tentaciones que enfrent\u00e1bamos los humanos eran: el materialismo, el orgullo, el ego\u00edsmo, la pereza, el resentimiento, el sexo, la glotoner\u00eda y la mentira, adem\u00e1s del comunismo, claro est\u00e1.<\/p>\n<p>De ese modo, nuestras ambiciones eran muy limitadas. Y en esas condiciones, si por alguna casualidad del destino alguno de nosotros llegaba a una de esas ciudades desarrolladas se sentir\u00eda inc\u00f3modo, fuera de lugar, extra\u00f1o a ese ambiente dislocado y carente de  pureza y bondad y terminar\u00eda tremendamente aburrido. Con esta certeza en el coraz\u00f3n nos conform\u00e1bamos con nuestras limitaciones y carencias y las consider\u00e1bamos normales.<\/p>\n<p>Todos nos conoc\u00edamos y trat\u00e1bamos. Y eso ten\u00eda sus ventajas y desventajas. Una de las desventajas m\u00e1s notorias era que nadie ten\u00eda secretos. Se dorm\u00eda con puertas y ventanas abiertas sin que nadie osara traspasar malsanamente el umbral de alguna puerta ajena. Pero se aguzaban los o\u00eddos prestos a conocer los secretos que se confesaban a la noche.<\/p>\n<p>COSTUMBRES<\/p>\n<p>Los ni\u00f1os deb\u00edan saludar a los adultos con una reverencia y si entre ellos hab\u00eda alguna familiaridad estaban obligados a pedir su bendici\u00f3n.<\/p>\n<p>Cuando alguien se enteraba de alguna verdad que hab\u00eda estado oculta hasta ese momento, la callaba si resultaba ofensiva para el prestigio de una persona amiga. Se cuidaba la moralidad de los dem\u00e1s con mucho celo.<\/p>\n<p>Sin que los ancianos fueran exhaustivos, daban a los ni\u00f1os una base muy \u00fatil de principios que deb\u00edan respetar a lo largo de su existencia.<\/p>\n<p>Sospecho que los componentes de las nuevas generaciones no son capaces de comprender con cu\u00e1nto celo se exig\u00eda el cumplimiento de los principios sembrados en el hogar desde el nacimiento.<\/p>\n<p>Los funerales de aquel tiempo ten\u00edan pla\u00f1ideras espont\u00e1neas y pagadas. Pero no todo era apariencia de tristeza. Hab\u00eda momentos para comer hasta llenarse y de hacer cuentos despu\u00e9s de la medianoche y hasta de tomar alguna bebida embriagante.<\/p>\n<p>La generaci\u00f3n actual es totalmente indiferente. Ya no se velan los muertos en la casa y ni siquiera se les lleva al templo. Ahora, todo se resuelve en una funeraria con mucha parsimonia, en donde ni se grita. Todo se limita a un discurso religioso que no amerita de ensayos de tanto repetirse.<\/p>\n<p>\u00a1C\u00f3mo han cambiado las cosas con el paso del tiempo! Antes, los viejos se conoc\u00edan en la iglesia y los j\u00f3venes, dando vueltas en el parque al son de la banda municipal. Al cruzarse con un grupo de muchachas que caminaban en sentido contrario alguno dirig\u00eda palabras elogiosas hacia una de ellas que las escuchaba con coqueter\u00eda. Esa era la forma m\u00e1s com\u00fan de que surgiera un noviazgo. Hab\u00eda excepciones, claro, pero eran eso, no la regla.<\/p>\n<p>Recuerdo que una vez apareci\u00f3 en el pueblo un se\u00f1or muy obeso y se sent\u00f3 en el parque. Los del barrio lo rodeamos y nos hizo algunas historias de su vida, que a m\u00ed me parecieron no cre\u00edbles o, al menos, exageradas. Ya a las 10 de la noche cuando cada quien se dispon\u00eda a dirigirse hacia su casa, le preguntamos d\u00f3nde pensaba dormir y si hab\u00eda cenado algo, a lo que respondi\u00f3 que no hab\u00eda ingerido bocado desde la ma\u00f1ana y no ten\u00eda dinero para comprar nada, que pensaba quedarse a dormir ah\u00ed, recostado en la banca. Entonces, Rafaelito, que acababa de cobrar su primer salario como obrero en la f\u00e1brica de armas de San Crist\u00f3bal, se compadeci\u00f3 del forastero y le regal\u00f3 lo suficiente para pagar un hotel barato en las afueras del mercado y comprarse un pastel en hojas.<\/p>\n<p> Al d\u00eda siguiente volvimos a ver al mismo se\u00f1or sentado en el parque, pero ya no lo rodeamos porque conoc\u00edamos sus historias y est\u00e1bamos seguros de que no aparecer\u00eda nadie tan desprendido como Rafaelito para pagarle otra noche de hotel. Al otro d\u00eda se desapareci\u00f3 de forma tan misteriosa como la que hab\u00eda llegado.<\/p>\n<p>PIEDRAS VIVAS<\/p>\n<p>Ese parque del pueblo, situado frente a la iglesia central, guarda muchos recuerdos. Una de sus historias es que en una casa de madera de palma ubicada en lo que entonces era un solar cualquiera, naci\u00f3 quien en su adultez fue el dictador de la naci\u00f3n por m\u00e1s de 30 a\u00f1os. Tambi\u00e9n se dieron en \u00e9l muchas citas amorosas, en las que se aprovech\u00f3 que la acera oeste del parque quedaba frente a un colegio de monjas que despu\u00e9s de las 7 de la noche se manten\u00eda en completa oscuridad. Y este parque tambi\u00e9n fue escenario de muchos m\u00edtines pol\u00edticos durante la dictadura y despu\u00e9s que la misma concluy\u00f3.<\/p>\n<p> Una de esas manifestaciones, en la que se anunciar\u00eda el surgimiento de un partido pol\u00edtico al que llamaron \u201cSan Jos\u00e9 de Conucos\u201d termin\u00f3 con una carrera desordenada de los asistentes, incluyendo al l\u00edder, que fue perseguido por la polic\u00eda entre los patios hasta acorralarlo dentro de una letrina. Cuando el incipiente pol\u00edtico se supo atrapado en la letrina, en la desesperaci\u00f3n de tan inusitada situaci\u00f3n, asustado, temeroso, impotente, humillado, sometido y derrotado, solo acertaba a gritar a los polic\u00edas que no pod\u00edan tocarlo, porque \u00e9l estaba asilado en esa letrina, lo cual desoyeron los de la fuerza p\u00fablica y lo sacaron (muertos de risa ellos) y lo llevaron hasta el cuartel, sin que se volviera a ver a ninguno de sus supuestos seguidores.<\/p>\n<p> Desde que recuper\u00f3 la libertad, aquel l\u00edder se alej\u00f3 de la pol\u00edtica de manera definitiva, alegando que la actitud de sus seguidores le sirvi\u00f3 de advertencia de que la cobard\u00eda era la respuesta de muchos intelectuales ante el peligro, cuando \u00e9l los hac\u00eda dispuestos a morir por sus creencias.<\/p>\n<p>UN DESCONOCIDO<\/p>\n<p>Una ma\u00f1ana, despu\u00e9s de mi jubilaci\u00f3n en el hospital donde trabajaba, fui a sentarme en ese parque que me trae tantos recuerdos. Al ver pasar a las personas m\u00e1s j\u00f3venes, me pregunt\u00e9 cu\u00e1ntas de ellas habr\u00edan nacido en mis manos, durante los 30 a\u00f1os que fui gineco-obstetra en el hospital. Tambi\u00e9n me pregunt\u00e9 a cu\u00e1ntas mujeres les segu\u00ed sus embarazos durante esos a\u00f1os y les atend\u00ed sus partos.<\/p>\n<p> Curiosamente, despu\u00e9s de 30 minutos me percat\u00e9 que no hab\u00eda conocido a nadie de los que hab\u00edan pasado y nadie se hab\u00eda detenido siquiera a saludarme. Algunos caminantes, incluso, me miraban de manera extra\u00f1a, como si vieran en m\u00ed un hombre extraviado o desubicado en lugar y circunstancias, mientras yo pensaba que mis ra\u00edces en el pueblo deb\u00edan sentirse en mi voz, en mi forma de mirar, en mis brazos acostumbrados a nadar en el r\u00edo Nigua, en mis manos y pies aferrados al terru\u00f1o querido que me vio nacer. <\/p>\n<p>Esa situaci\u00f3n, debo confesarlo, me frustr\u00f3 y llen\u00f3 de impaciencia,  angustia y hasta me deprimi\u00f3 un poco, porque lo hubiera entendido como normal si despu\u00e9s del retiro viviera  aislado de mi entorno, encerr\u00e1ndome en mi departamento. Pero no pasaba semana en que yo no fuera a San Crist\u00f3bal a comprar frutas y vegetales frescos y dar una vuelta por el pueblo.<br \/>\nIndudablemente, sorprendido con el hecho de que ninguna persona conocida pasara durante los 30 minutos de espera en el parque, decid\u00ed dirigirme al hospital, al mismo en que trabaj\u00e9 durante 30 a\u00f1os y me ubiqu\u00e9 pr\u00f3ximo a la puerta por donde entran y salen las mujeres que se dirigen al servicio de gineco-obstetricia. All\u00ed deb\u00eda invertirse la situaci\u00f3n y lo esperado era que la gran mayor\u00eda de las que entraran o salieran por la puerta me conocieran, que hubieran sido mis pacientes y se detuvieran a saludarme agradecidas. Es m\u00e1s, llegu\u00e9 a pensar que muy dif\u00edcilmente pasar\u00eda por el lugar alguna mujer que no me hubiera conocido.<\/p>\n<p>La realidad estuvo en marcado contraste con lo que yo hab\u00eda pensado. Y debo confesar que me disgust\u00f3 verlas pasar con indiferencia aun despu\u00e9s de mirarme. Reconoc\u00ed a varias de ellas que acudieron muchas veces a mi consulta, pero ninguna me salud\u00f3 sin siquiera detenerse. Una, incluso, me mir\u00f3 fijamente, como si en otras circunstancias le hubiera agradado mi arbitraje, pero luego baj\u00f3 la cabeza para seguir escuchando al marido, que le dijo con mucha seriedad: -T\u00fa lo que quieres es convertir nuestra relaci\u00f3n de amor en un contrato legal y yo la favorezco como est\u00e1.<\/p>\n<p>Segu\u00ed con el jueguito por un rato, no solo para descubrir que no era un juego tonto sino para ubicarme en la realidad. Me convenc\u00ed de que nadie es indispensable en ning\u00fan lado y la gente se conforma con que le resuelvan sus problemas sin tomar en cuenta a quien lo hace.<\/p>\n<p>Mi capacidad de indignarme sali\u00f3 a flote. Sent\u00ed mucha rabia interior y la saliva se me hizo amarga. Poco despu\u00e9s comenc\u00e9 a sentir un dolor en medio del pecho que se increment\u00f3 con rapidez.<\/p>\n<p>-Esta situaci\u00f3n se ha vuelto tan perversa\u2013, pens\u00e9, mientras como pude me encamin\u00e9 despacio hacia la Emergencia, apretando mi pecho con la mano derecha.<\/p>\n<p>-Se\u00f1or, acu\u00e9stese en la camilla para examinarlo-, me dijo el joven m\u00e9dico de turno en la emergencia.<\/p>\n<p>La enfermera que lo asist\u00eda, que s\u00ed me conoc\u00eda porque trabaj\u00f3 conmigo por alg\u00fan tiempo en mi servicio, se turb\u00f3 un poco al o\u00edr al m\u00e9dico, me mir\u00f3 apesadumbrada y baj\u00f3 la cabeza, pero no dijo nada.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>No lo hab\u00eda imaginado. Siempre pens\u00e9 que mientras m\u00e1s viv\u00eda una persona ser\u00eda m\u00e1s conocida en el lugar de su nacimiento, aunque hubiera dejado de vivir en el lugar. 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