El brigadier Pascual Real fue el último de los gobernadores de la colonia española de Santo Domingo. Fue breve en esas funciones. Llegó el 14 de mayo de 1821 por el puerto de Samaná. Dos días después tomó posesión en sustitución del general Sebastián Kindelán Oregón.
Su experiencia en el Caribe fue en un desembarco en la isla de Margarita, en una expedición encabezada en 1815 por Pablo Morillo, designado por el rey Fernando VII con la encomienda de reconquistar colonias que España había perdido en Sudamérica. Los registros históricos consignan que no fue un militar de genio sobresaliente ni se conoce que creara tácticas resaltables en los campos de batalla.
Un acucioso investigador de nuestro pasado al describir su corto mandato aquí dijo que fue “trasladado del ejército que operaba en Venezuela, donde había dado pruebas de poca energía, que le hacían inapropiado para el mando de una colonia en que abundaban ya elementos favorables a la independencia…” (Obras Completas. José Gabriel García. Volumen II. Editora Amigo del Hogar, 2016.P.330).
El historiador Max Henríquez Ureña, en cambio, en su obra Episodios Históricos, al analizar la Independencia Efímera señala con otras palabras que era perspicaz y que detectó en medio de la aparente calma de sus subordinados un espíritu de lucha que le hizo sospechar que existía animadversión hacia todo lo que representara España.
Pascual Real comenzó sus labores de jefe colonial cuando José Núñez de Cáceres avanzaba en los preparativos para independizar de España este territorio. Había una situación económica, social y política muy difícil, que se fue agravando desde los tiempos de sus predecesores más cercanos, los gobernadores Carlos de Urrutia Montoya y el referido Sebastián Kindelán Oregón. Le tocó dirigir una colonia en crisis progresiva.
Prueba de lo anterior es que uno de los últimos informes enviados por Kindelán a la metrópoli dice que su gobierno “no cuenta con otros ingresos que los de la aduana de la capital y la de Puerto Plata”. Por eso ahora digo que era válido el criterio del jurista y ensayista dominicano José María Morilla al anotar que esos eran tiempos en que “el erario se hallaba exhausto”.
Al poco tiempo de ser gobernador se alzaron en contra de Real los Andrés Amarante y Diego Polanco, jefes militares de Puerto Plata y Montecristi, respectivamente. Luego se rebeló en la ciudad de Santo Domingo el Batallón de los Morenos (No.31), dirigido por Pablo Alí, considerado como un hombre “muy prominente, alcanzando gran distinción”, tal como como quedó plasmado en un escrito sobre los derechos de las minorías.
Como precaución envió un emisario a Puerto Príncipe, a fin de obtener del gobierno haitiano la seguridad de que en cumplimiento de los acuerdos firmados en el pasado respetaría la colonia española. El presidente Jean Pierre Boyer le dio garantía de que así sería, pero al mismo tiempo envió para acá al ducho coronel Fremont. Este comprobó que estaban dadas las condiciones para unificar la isla bajo el mando de Boyer.
Ante la debilidad de su gobierno colonial Pascual Real le hizo saber a sus superiores en Madrid sus dudas sobre la sobrevivencia del mismo. Así lo recogió en un texto en que hizo referencia a lo que vivió en Venezuela, tal y como luego lo reprodujo el historiador y ensayista dominicano Máximo Coiscou en una de sus recopilaciones sobre documentos históricos que encontró en el Archivo de Indias, en Sevilla.
Así se expresó dicho gobernador: “…es de temer, y no será extraño, que quieran practicar y seguir estos naturales la misma conducta que aquellos, muchos más cuando se les lisongea y llama a la independencia”.
El 30-11-1821 comenzó el movimiento independentista encabezado por José Núñez de Cáceres. Al día siguiente una muchedumbre recorría las calles proclamando la independencia de España. Ese día el gobernador citado fue apresado y encerrado durante varias horas en la Fortaleza Ozama, que entonces se conocía como La Fuerza. Al mediodía fue escoltado a su casa, donde permaneció bajo arresto hasta su deportación del país.
Siete días después envió una carta al Ministerio de Ultramar de España, señalando que: “1) Se realizaron desgraciadamente mis fundados temores. 2) Se ha perdido esta Colonia para la Nación y el Rey. 3) Sin que mis medidas políticas y de seguridad hayan sido bastantes a destruir una opinión decidida y generalizada en todas las clases de sus habitantes. 4)…la fuerza militar conque podía contar me presentó bayonetas a mi pecho, resuelta al cambio de gobierno”.











