La larga colonización de África comenzó el 21 de agosto de 1415, cuando el rey de Portugal Juan I instaló en Ceuta al conde Pedro de Meneses como gobernador y capitán general. Hoy existe allí un problema migratorio sobrevenido entre marroquíes y españoles.
Durante siglos las potencias que protagonizaban el colonialismo en África eran Gran Bretaña, Francia, Portugal, España y Los Países Bajos. Era muy limitada, por diversos motivos, la presencia de Alemania, la cual sólo tuvo control de la diminuta y árida isla de Arguin a partir de 1685 (que perdió de los franceses en 1715); así como la Costa de Oro prusiana, en el golfo de Guinea, que vendió a la República Neerlandesa en el 1717.
Fue con la Conferencia de Berlín (auge del pangermanismo), celebrada entre 1884 y 1885, cuando Alemania comenzó a dominar países africanos. En su momento de mayor apogeo ese país centroeuropeo se convirtió en la tercera potencia colonial de África. Dicha condición la perdió cuando fue derrotado en la primera Guerra Mundial y se firmó el Tratado de Versalles, en 1919, mediante el cual los ganadores lo humillaron.
Es necesario decir que el principal autor de la hecatombe hecha por los alemanes en nueve países africanos fue el mariscal y político Otto von Bismarck. Él ordenó oprimir a millones de seres humanos y matar a decenas de miles. Alemania controló en África casi tres millones de kilómetros cuadrados y cerca de quince millones de personas entre las décadas finales del referido siglo XIX y las dos primeras décadas de la centuria siguiente.
La historia registra que los alemanes aniquilaron el 80% del clan herero y el 50% de la tribu namaqua, que habitaban en el suroeste africano. Pero también hicieron masacres inmensas entre las poblaciones y etnias tutsi, hutu, twa, bantú, guins, we, tamberma, akan, Ewé, bantú, pigmeos, san, fang, bamileké, maji maji, masái, lozi, himba, ovambo y muchos otros. No las consideraban como personas formadas con los mismos misterios creativos de los blancos.
Escenarios de la referida opresión fueron Namibia, Camerún, parte de Nigeria, Togo y parte de Ghana, Burundi, Rwanda, casi toda Tanzania y una porción del Congo estuvieron bajo el yugo de los alemanes, quienes en algunos de esos pueblos crearon campos de concentración. Fueron antecedentes de los que después hizo Hitler en Europa.
Oportuno es decir que antes de Bismarck, un socio del crudelísimo rey belga Leopoldo II trató de justificar la sevicia de los colonialistas europeos en África. Ese fue un explorador y periodista galés racista que escribió esta imprudencia temeraria: “Los salvajes solo respetan la fuerza, el poder, la audacia y la decisión…” Dicho autor consideró las matanzas de africanos como “audacia civilizatoria”. (Ensayo de viajes. A través del continente negro, 1878. Henry Morton Stanley).
Por su parte el novelista polaco-británico Joseph Conrad, utilizando un lenguaje ambivalente, trató de proyectar “comprensión” sobre los motivos que según él llevaron a colonos y jefes militares europeos a teñir de sangre la tierra, ríos y lagos africanos. Usó su talento en la ficción, dejando en lectores pocos perspicaces una sensación de confusión. Atribuyó las masacres “al vacío moral del colonialismo” de Europa en África.
Tratando de morigerar esos hechos abominables describió falsamente que ellos fueron producto del “destino ciego”; aunque concluye, en una cabriola semántica, tal vez constreñido por su conciencia, que el corazón de las tinieblas está “en la mente humana cuando el poder y la codicia eliminan la ética”. (El corazón de las tinieblas.1899. Joseph Conrad).
No obstante el cuidado que tuvo Conrad para difundir sus juicios en la referida novela, el escritor y académico nigeriano Chinua Achebe, lo calificó de “gran racista”, señalando que “reducía a los africanos a seres salvajes sin voz ni individualidad”. (Una imagen de África: El racismo en El corazón de las tinieblas.EE.UU.1975. Chinua Achebe).
En la semiología literaria utilizada por Achebe este catalogó la obra comentada como un mecanismo justificativo del racismo. Basó su opinión en que Conrad usó los supuestos dilemas morales de los europeos para oprimir a los pueblos africanos bajo su dominio.
Algunos autores atribuyen la colonización de los pueblos africanos por Alemania y otras potencias europeas a la “dispersión del poder político por la supervivencia de sistemas tribales muy antiguos y muy arraigados…” (La revolución del África negra. Editorial Bruguera, 1970.P.6. Giampaolo Calchi Novati).
Esa es una visión no completa de quien fuera un eminente africanista. Otros factores, que bien él también señala, influyeron para que en la África colonizada ocurriera lo que ocurrió.












