La cuenta llegó: Trump pierde el Congreso principalmente por el bolsillo

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Donald Trump y los republicanos controlarán la Casa Blanca, el Senado y la Cámara de Representantes hasta enero de 2027. El martes perdieron ese control total. No fue un accidente del calendario: fue un veredicto.

Se alega que el partido en el poder siempre pierde en las intermedias. Pero la avalancha llegó de costa a costa: control de ambas cámaras y, en el Senado, siete escaños cambiaron de color para un 54-44, con Alaska y Misisipi aún sin resolver. Algunos medios hablan de la mayor victoria en voto popular desde 1976.

El bolsillo: mayor detonante

Lo que decidió la elección fue el costo de la vida. La cobertura lo ubica como el tema central y los demócratas lo toman como su mandato. En Misisipi, Scott Colom fue a los eventos de Trump a hablar de salud, del supermercado y de la gasolina. Esa es la elección en una frase.

Y parte del problema salió de la Casa Blanca: se espera que los aranceles encarezcan los precios para los consumidores. Trump prometió bajarlos y sus políticas los empujaron hacia arriba.

Trato irrespetuoso e irracional a Canadá

Ningún capítulo ilustra mejor esa lógica autodestructiva. Canadá es el segundo socio comercial de Estados Unidos, destino de cerca del 14% de sus exportaciones. Trump lo trató como un territorio por absorber: amenazas de anexión, aranceles del 50% sobre unos 20.000 millones de dólares en bienes y hasta la orden de rebautizar el lago Ontario como «Lago América».

Ottawa respondió con represalias y se acercó a Europa, que le ofreció ser miembro asociado de la Unión Europea. Se debilitó a un aliado, se encareció el comercio perjudicando a consumidores y exportadores estadounidenses.

El maltrato a los aliados

Canadá no fue un caso aislado. La relación con la Unión Europea y la OTAN se degradó por el empeño de Trump en anexar Groenlandia, territorio de Dinamarca, aliado de la OTAN; por los aranceles; y por la guerra con Irán, en la que llamó «cobardes» a los aliados que no enviaron buques al estrecho de Ormuz.

Su propio Pentágono llegó a barajar castigos, incluso suspender a España de la alianza, y el presidente amenazó con reducir tropas en Alemania. La ironía es que los aliados habían cumplido: todos alcanzaron el 2% del PIB en defensa y acordaron subir la meta al 5%. Exigir que paguen más es un reclamo de décadas; humillarlos en público, no.

Los métodos aplicados por ICE

Hay un factor que buena parte del análisis ha dejado de lado: la forma en que se aplicó la política migratoria. Muchos votantes respaldan que se hagan cumplir las leyes, pero cuestionan lo agresivo de la aplicación. En las encuestas de salida de NBC, el 58% dijo que la aplicación de las leyes migratorias ha ido demasiado lejos y el 60% desaprobó a ICE.

No sorprende: en enero, en Minneapolis, agentes federales mataron a tiros a dos ciudadanos estadounidenses, Renee Good y Alex Pretti, ambos de 37 años, durante los operativos y protestas contra ICE.

Pretti era enfermero de cuidados intensivos de un hospital de veteranos. Las autoridades federales defendieron a sus agentes, pero impidieron que los investigadores estatales accedieran a la escena y el Departamento de Justicia anunció que no investigaría el caso de Good.

El costo político se vio sobre todo entre los latinos: el apoyo récord de 2024 a Trump se desplomó, con un vuelco de dos dígitos hacia los demócratas. Es cierto que solo el 14% nombró la inmigración como su principal preocupación, muy por detrás de la economía, pero no hizo falta que fuera el tema número uno: bastó con que se sumara al malestar económico y a la desconfianza hacia el poder para inclinar la balanza.

El resto de la factura

Con el bolsillo como detonante, otros factores amplificaron el rechazo: los métodos de ICE; una guerra que involucra a Irán, Israel y Estados Unidos que el votante no pidió; el trato humillante a Zelenski y la cercanía con Putin; la tensión con la Unión Europea y la OTAN; y un estilo de gobierno que erosionó las instituciones, con acusaciones, probadas o no, de usar el Estado para beneficio propio. En democracia, esa percepción cobra intereses.

La reacción tras la derrota lo delata. Luego del sertamen electoral, Trump pidió que los votos del «falso Dan Sullivan» y de otro candidato, a quien llamó «slug», se les entregaran al candidato republicano en Alaska. Transferir votos así no tiene precedentes, y Alaska ya cuenta con un mecanismo legal, el voto preferencial, donde los votantes ordenan sus opciones. Puede debatirse si el parecido de nombres confunde; reasignar papeletas por decreto no es una opción.

Qué dirán los defensores de Trump

Dirán que es lo normal, que la inflación se heredó y que los aranceles y el reparto de gastos en la OTAN son reclamos legítimos. Algo de razón hay: el déficit comercial y el gasto de los aliados preocupan a ambos partidos. Pero la pregunta es por qué se perdió un Senado de mapa favorable, por qué dos años después ya no se puede culpar al antecesor y por qué el método empeora el objetivo. Cada defensa tiene algo de verdad; ninguna explica el conjunto.

Las expectativas

Los demócratas ganan poderes de supervisión y la Casa Blanca tendrá más dificultad para aprobar su agenda. Para América Latina, un Congreso de signo opuesto puede frenar decisiones sobre Venezuela, comercio y migración. Trump todavía tiene dos años de mandato y su capacidad de confrontación no debe subestimarse.

Pero el 3 de noviembre dejó claro que cuando se gobierna encareciendo la vida, maltratando a los vecinos y despreciando las reglas, los votantes cobran la cuenta.

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